The Adicts + The Rumjacks – Madrid (Sala Mon 12-11-2017)

The Rumjacks y The Adicts, ambos con sonido insuperable, organizaron una auténtica fiesta

La celebración del 17 aniversario de la sala madrileña Gruta 77 continúa su ciclo de
conciertos. Para esta ocasión nos reunimos en una renovada Sala Mon (antigua Penélope)
con los oídos y el cuerpo preparados para una auténtica fiesta con The Rumjacks y The
Adicts.

Los australianos comenzaron puntuales su repertorio de punk-folk y el público estuvo a la
altura de las circunstancias, !qué manera de darlo todo! Y es que se nota que este tipo de
ritmos hacen enloquecer a un gran número de adeptos a lo irlandés del tipo Dropkick
Murphys o The Real McKenzies.

He de reconocer que había escuchado poco más de cuatro canciones de la banda, cuyo frontman me dejó bastante impresionado por su repertorio de registros vocales, por momentos pensé que estaba escuchando a Brian Johnson (AC/DC), ¿puede ser que el atuendo con boina incluida influyera? Al final tras poder hacer algunas fotos, me dejé llevar a la zona más festiva guiado por los temas que conocía un poco más. El sonido de los dos conciertos en general fue prácticamente insuperable.

A los 15 minutos de terminar el primer grupo se paró la música ambiente y comenzó la
clásica intro de la banda británica The Adicts, homenaje a «La Naranja Mecánica». Hacía siete años desde la última vez que los vi en directo y no podía perderme esta cita.

Si la gente se había quedado con ganas de bailar tras los de Sidney, no tuvo mucho tiempo
de bajar la guardia. Monkey hizo aparición en el escenario con un traje de espejos y color
blanco invitándonos a irnos con ellos («Let’s Go!»). Irnos a un parque con un tío con la cara pintada («Joker In The Park») acompañados de cuatro personajes vestidos de drugos. Todos caímos en la trampa y nos sumamos a esa excursión musical por sus temas más conocidos y pegadizos. Pero cuando tocaron los dos nuevos temas de su nuevo single, todos pegamos el frenazo y aprovechamos para descansar de los empujones y secarnos el sudor.

Es curioso y suele ser generalizado que cuando un grupo viene presentando temas nuevos la gente se distraiga y cuando vuelven a los clásicos vuelva a reventar de júbilo.
Monky sin embargo no gozó de esa suerte del parón y siguió sudando la gota gorda, desplegando todo su arte, sus serpentinas, sus cartas y cambiando de atuendo cada vez que podía. El final, como no podía ser de otra manera, fue apoteósico y todos le gritamos que pese a que el viaje llegaba a su fin: Él/Ellos Nunca Caminarán Solos («You’ll Never Walk Alone»).

 

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