Swans + Baby Dee – Madrid (Teatro Barceló 11-10-2017)

Caos condensado

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Aún retumbaban los bramidos desde el interior del Teatro Barceló cuando los primeros asistentes a esta cita del SON Estrella Galicia comenzaban a pulular por los alrededores de la sala. A ellos y a los más rezagados se les entregó, en las puertas del averno en el que esta noche transmutaría el lugar, un par de protectores auditivos a modo de spoiler de lo que allí estaba a punto de acontecer.

El heterogéneo público llenó la Barceló incluso para cuando Baby Dee saltó a las tablas, no queriéndose perder, a pesar de lo tempranera que había sido la cita, ni un ápice de lo que allí ocurriera. A modo quizás de bálsamo de láudano antes de que el craken de los cisnes desencadenara su ira, Dee, acompañada de su voz, su acordeón, y un guitarrista que como más tarde nos contó, resultaba ser su sobrino, dió comienzo a su parte dentro de la velada.

Temas en los que la voz de Baby Dee, y sobre todo su presencia y su sentida interpretación, arrancaron los aplausos del respetable. Sus devaneos con las texturas e intensidades embelesaron al personal durante la media hora larga que duró su actuación, en la que compartió temas de su trayectoria, algunos, como nos relató, acerca de cosas de familia. Sin duda una buena elección para compartir las tablas con Swans.

Tras la marcha de Baby Dee, se nos mostró el arsenal de Swans para la noche. La muralla de amplificadores que se hallaba encima del escenario no era mas que otra declaración de intenciones de la banda de Michael Gira. Dos guitarras, un steel guitar, un bajo, un teclado y una batería sería lo que esta noche harían despertar desde los rincones mas ocultos de nuestro ser, la esencia atávica de la naturaleza humana, a través de los temas de Swans.

Ya les habíamos advertido en Rock and Roll Army que asistir a un concierto de Swans es algo bastante distinto a lo que habitualmente suele ocurrir en este tipo de citas. La catarata de sonido que son capaces de generar durante el largo tiempo que duran los mismos es algo que no todo el mundo sin digamos, entrenamiento previo, puede digerir de una sentada. Aun así, son una banda única y consiguen algo que probablemente nadie más tenga la capacidad de hacer, y es dar forma a temas realmente complejos a partir del maximalismo extremo tanto en composición como en volumen. Lo que vimos esta noche en el Teatro Barceló no hace mas que corroborarlo.

Gira es en todo momento el director de orquesta. Con sus gestos, movimientos, miradas y con sus manos al viento no cesa de dar indicaciones al resto de la banda, que milimétricamente acata sus ordenes.

Temas con largos desarrollos que el señor Michael Gira se encarga de retorcer, estirar, subir, bajar, deformar, pisotear para volverlos a levantar, y que adquieren personalidad propia en cada momento en el que el larguirucho señor Gira desea.

Un akelarre sónico en el que una verdadera muralla que aturde y al mismo tiempo provoca un cierto desasosiego, pero a la vez también genera un despertar interno de los instintos primigenios de los allí presentes. Una suerte de trance hipnótico que a través de un orgiástico festín de saturaciones, distorsiones y un volumen brutal consigue llevar casi al éxtasis a los asistentes a la liturgia de los Swans.

No contentos con eso, Swans mantienen esa intensidad sin caer en la monotonía ni en la repetición durante las tres horas que dura su concierto, lo cual es también tarea ardua y merece una especial mención.

Gira se acerca y separa de sus colegas, se acerca al micro donde recita las letras de las canciones de una manera casi tántrica e ininteligible, mueve sus manos para indicar y crear atmósferas, y golpea su maltratada Lucille haciendo que escupa sonoridades imposibles.

Todo ello desde una «tranquila» ejecución, sin aspavientos ni histrionismos, con muy poco movimiento encima del escenario y con unas luces fijas, no demasiado fuertes, que se mantuvieron así durante toda la velada.

Los temas, tamizados, cercenados, llevados hasta el extremo, asfixiados hasta morir y luego revividos, fueron cayendo uno tras otro, con diversos momentos de éxtasis colectivo y mucho esguince de cuello siguiendo los desarrollos de los seis caballeros de encima de las tablas.

Muy a destacar el trabajo de Chris Pravdica a las cuatro cuerdas, sin desmerecer el trabajo del resto de la banda, mostrándose como el director a la sombra de Gira, cimentando y cohesionando a la banda en todo momento durante el concierto. Enorme su aportación y entrega.

Entre tanta amalgama, creímos atisbar algunos de los temas de la noche, aunque bien es posible decir que no lo podemos asegurar a ciencia cierta, tal es el trabajo de disección y recomposición de Swans en directo.

Vislumbramos «The Knot», «Cloud for Unknowing», «The Man Who Refused to Be Unhappy» y «The Glowing Man», pero no podemos dar fe que fueran estas, o aquellas, o pedazos de otras lo que pergeñaron el señor Gira y sus secuaces en esta que parece va a ser la última vez que les veamos con una formación parecida…   …o no.

Sea como fuere, asistimos a un concierto memorable que tardaremos tiempo en olvidar, sobre todo nuestros pabellones auditivos. El canto del cisne sonó en la capital intensamente.

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