Azkena Rock Festival 2017 (Vitoria-Gasteiz, 23 y 24 de junio)

Azkena Rock Festival 2017 (Vitoria-Gasteiz, 23 y 24 de junio)
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Azkena Rock, sin ninguna duda el festival rockero por excelencia de nuestro país, ha vuelto a celebrar el pasado fin de semana una de esas ediciones que nos dejarán actuaciones para el recuerdo, momentos mágicos y, por qué no decirlo, actividades paralelas de lo más pintoresco. Y además este 2017 ha sido también uno de los años con mayor afluencia de público: unas 36.000 personas en ambas jornadas, lo que significan unas 17.000 por día.

En la parte negativa lo de siempre: demasiada oferta, lo que la hace imposible de abarcar en su plenitud y obliga a tomar decisiones drásticas como las de perderse a bandas que querrías haber visto (en mi caso hace ya algunos años que decidí ver conciertos completos y no repartirme a lo salomónico).

Así comenzaríamos el viernes asistiendo a la descarga de Godfathers. Los británicos ofrecieron un concierto de esos de oficio con un Peter Coyne demostrando más actitud que cualquier grupo de esos a los que le dobla la edad y agradeciendo al público en euskera sus aplausos. Está claro que su música sin embargo funciona mejor en salas, lo que no significa que lo hicieran mal sino simplemente que no es lo mismo verlos a media tarde bajo la luz solar. Se despedirían con su mega hit «Birth, School, Work, Death». Como anécdota decir que servidor recogió la púa del guitarrista… pero la regaló al fan que tenía delante con cara de perrito apaleado; simpático que es uno.

Los legendarios Tygers of Pan Tang ofrecerían después en el Escenario Love (aka «el pequeño», aka «el tercero») un buen concierto de hard & heavy, aunque no puede decirse que tuvieran mucha suerte con el sonido. Repasarían el cancionero de ZZ Top o «Love Potion Number 9» de The Clovers.

En el escenario Respect me llevaría uno de los chascos personales del festival con unos King’s X cuyo sonido era demasiado sucio para mi gusto y en el que no se apreciaban los matices. Hasta que el trío que encabeza Doug Pinnick no interpretó «Summerland» no entré para nada el concierto, aunque sería injusto no mencionar que las armonías vocales de la banda siguen ahí. Me faltaron sin embargo más de uno y más de dos favoritos personales.

De vuelta en el escenario grande, llamado God este año, Cheap Trick volverían al festival entre el recuerdo de aquella casi perfecta primera visita. Los de Rockford tienen hits a paladas y por eso resulta incomprensible que Tom Petersson se arranque a cantar «Waiting For My Man», que la banda se empeñe en alargar canciones y hacer cantar al público o que den cancha a algunos de esos temas para mi gusto bastante más mediocres (lo siento, no soporto «The Flame»). Así, asistiríamos a un pequeño bache que por fortuna consiguieron solventar y que para cuando hicieron «Surrender» ya habíamos olvidado. Mención especial para un Robin Zander que cantó especialmente bien. ¿Veredicto final? Bien, pero…

Graveyard eran sin duda uno de los nombres más esperados. Un Azkena les encumbró entre nosotros y otro Azkena les redimiría del fiasco de su separación de aproximadamente 45 minutos que dio al traste con su anterior gira. Comenzaron de manera lángida para ir cogiendo al público de los testículos progresivamente. En cualquier caso tenían la partida ganada de antemano.

Uno de los mejores compositores de canciones de la historia visitaría por vez primera Mendizabala también con la partida ganada. Todo el mundo había ido allí a ver a John Fogerty y daba un poco igual el set list: podía haber hecho un concierto completamente diferente y aún así habrían sido todo «temazos», como se dice coloquialmente. «Have You Ever Seen the Rain» coreado por 17.000 gargantas es desde ya uno de los momentos más catárticos de la historia del festival, si no el que más. Un concierto de 10.

La papeleta no la tenían nada fácil The Hellacopters, obligados a cerrar los escenarios grandes, pero los suecos son también muy queridos. En cualquier caso, tuvieron más empeño que sonido. Y esa selección de temas que obligó a Dregen a tocar canciones posteriores a su salida de la banda se antoja un tanto incoherente. Pero los que el año pasado se quedaron un poco con la miel en los labios rezaban para que esta vez sí se acordasen de ese segundo período, con lo que imagino que hicieron felices a muchos. En mi caso como Cheap Trick: sí, pero…

Recibiríamos los conciertos del sábado con más escandinavos: Bloodlights me recordarían lo mucho que echo de menos a Gluecifer y lo perfecto que sería que precisamente el Azkena Rock Festival lograse reunirlos, aunque fuera para una única fecha. Reuniones más difíciles hemos visto. En cualquier caso el grupo que lidera Captain Poon no ha logrado llamar demasiado mi atención (únicamente «Stand or Die» me parece un disco con cierta inspiración), y me temo que su directo tampoco logró sacarme del sopor y el cansancio arrastrados de la jornada anterior. Y eso que la banda tiene la actitud correcta y no puede decirse que no se dejen la piel, pero si fallan las canciones no hay mucho que se pueda hacer. Una correosa versión de «New Rose» y algún momento aislado serían lo más destacable. Pueden dar más de sí.

Inglorius darían toda una lección de hard rock en el primer escenario, aunque el pillarnos de camino hacia Psychotica hizo que solo gozara de un puñado de canciones. Lástima porque además estaba alucinando con su cantante. Visto además con perspectiva tal vez debí haberme quedado porque todavía no tengo muy claro qué es lo que vi con Pat Briggs y compañía. Los fans enfermizos del cuarteto que se agolpaban en las primeras filas no estarán de acuerdo conmigo, pero ofrecer 40 minutos de concierto no parece muy de recibo. Alguien me comentó posteriormente que Briggs había tenido alguna especie de problema físico. Les daremos el beneficio de la duda.

El siguiente concierto que vería tras pasar por el necesario avituallamento sería el de Thunder. Los británicos, que salieron al escenario al ritmo de «Thunderstruck» de AC/DC (¿lo pilláis?), darían una verdadera lección de rock and roll con clase y lograrían emocionarme hasta el llanto especialmente durante «Low Life In High Places». Y soy consciente de que no soy muy objetivo con ellos, así que mencionaré las pegas que les sacaron otros, como que abusaron un poco de hacer participar al público. Pues lo cierto es que nos tenían comiendo de la palma de su mano, sí, así que la mayor pega que les pongo yo es que por su culpa me perdí prácticamente todo el concierto de Union Carbide Productions.

Otro que repetía en el festival era Chris Isaak, protagonista de uno de los conciertos más épicos que se recuerdan en los varios lustros del festival. Tendría que luchar contra ese recuerdo, pero lo solventaría sin problemas gracias a su voz, su clase, su carisma y un repertorio de ensueño en el que además le da tiempo de improvisar con su banda (o al menos eso es lo que nos dijeron), cantar en español -o algo así- o recordar a gente como James Brown.

Me perdería el final de su concierto por culpa de los nervios: mi compañero de esta web Nocnar Tosnophal me había chivado que The Cult habían estado soberbios la noche anterior en el Download madrileño, así que me dispuse a acercarme al segundo escenario con la sana intención de tomar un sitio relativamente cerca de Billy Duffy. Al llegar allí comprobaría que no había sido el único con semejante idea, algo que me dice que los británicos eran otra de las bandas más esperadas. Y todo a pesar de la desastrosa actuación que habían ofrecido en el mismo festival algunos años antes. Saldrían con cinco minutos de retraso al escenario, pero daría igual cuando arrancasen con «Wild Flower» y «Rain» y descubriésemos que Ian Astbury estaba en una noche inspirada y que Billy Duffy no es solamente una de las imágenes más famosas de la historia del hard rock, sino que es EL ROCK: enorme durante toda la noche a las seis cuerdas y desprendiendo un carisma del que tal vez carezca hoy en día su compañero de fatigas. Súmale un repertorio plagado de clásicos («Lil’ Devil», «Fire Woman», «Sweet Soul Sister», «Love Removal Machine»…) y ya tienes uno de los mejores conciertos del festival, a pesar de que a duras penas alcanzase la hora y diez minutos. A Astbury y Duffy, que al acabar el concierto parecían hasta llevarse bien, les sigue cubriendo las espaldas John Tempesta, lo que creo que lo convierte probablemente en el batería más longevo del grupo. Pero la verdadera sorpresa fue descubrir que como guitarra y teclista de apoyo cuentan con los servicios de nada más y nada menos que Damon Fox de Bigelf.

La noche seguiría un rato más, pero mi relato debe acabar aquí, en el momento en que la música dejó de ser la protagonista. Ánimo, que ya solo queda un año para el siguiente Azkena Rock Festival.

Foto John Fogerty: ©MusicSnapper

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