Primal Scream – Madrid (La Riviera 12-6-2017)

Donde hubo fuego todavía quedan brasas

No es muy común ver a Primal Scream liderando su propio concierto. Bien es sabido que los de las tierras altas se prodigan más en las arenas de los grandes eventos festivaleros que en el formato sala.

La ocasión parecía una perita en dulce para los escoceses, pero lo visto durante la actuación de Holy Bouncer, teloneros en esta gira peninsular, hacía presagiar que no habría un aforo acorde al planteamiento.

Holy Bouncer lidió ante una sala prácticamente vacía su pseudo mezcla de folk lisérgico americano con estructuras y planteamientos del rock de los sesenta y setenta, en una actuación que no llegamos a comprender mucho mas allá del que había que «caldear» el ambiente.

Tras un interminable cambio de escenario en el que los técnicos se empeñaban en afinar una y otra vez los instrumentos y probar de nuevo toda la parafernalia sonora, lo cual permitió que la sala alcanzara el que iba a ser su aforo final, de poco más de media entrada, hicieron acto de presencia Primal Scream. Bobby Gillespie fue el primero en saltar a las tablas, e inmediatamente comenzó a sonar una apocaliptica «Swastika Eyes» que puso en situación al público.

Gillespie no dejó de contonearse espasmódicamente durante las cuatro primeras canciones, que marcaron un frenético inicio con «Slip Inside», su ya clásica versión de 13th Floor Elevators, «Jailbird» y «Dolls», comenzando a perder fuelle con «(Feeling Like a) Demon Again», de las pocas de «Chaosmosis» que sonó esa noche, corroborando el parón con «Stars», a pesar de que el público vibró con el tema, y refrendando el momento más bajo posteriormente con «100% or Nothing», también de «Chaosmosis».

Esa mezcla de estudiada desidia e impostada pose que atesora Gillespie y que no se sabe muy bien si efectivamente es que pone el piloto automático o que realmente forma parte de su idiosincrasia planeó sobre La Riviera durante toda la noche. Pero claro, estamos hablando de Primal Scream, una banda con temas capaces de poner patas arriba a cualquier público en cualquier sitio, y entonces, sacaron la artillería pesada.

Comenzaron con una muy stoniana «Loaded», entre un mar de teléfonos en alto para inmortalizar el momento hit y el yo estuve allí del público asistente, al cual siguió una efectiva «Country Girl», para cerrar el concierto con la ineludible y alargada «Rocks», que hizo las delicias de los allí congregados.

Tras una nueva sesión de afinado, Gillespie y sus huestes regresan para ofrecer un par de temas mas, «I’m Losing More», que recupera la calma chicha entre el público, y la, otra vez, muy stoniana «Moving On Up», cargada de teclados y que fue estirada como el chicle por Gillespie .

Incluso los técnicos habían dado ya por concluido el concierto cuando tuvieron que volver a conectar los instrumentos apresuradamente puesto que Gillespie, quizás arengado con los sonoros e incesantes gritos del público pidiendo más, decidió acceder y obsequiarles con un tema extra. El elegido fue «Come Together», con el cual, y ante el fervor de sus seguidores, dieron, esta vez sí, por concluida su cita en el foro.

La tarde primaveral transmutada en estío implacable que azotó la capital del reino el pasado lunes, la avalancha festivalera en ciernes, la hiperbólica oferta musical del fin de semana previo, las constelaciones estelares y la conjura de Catilina serían argumento suficiente para justificar la poco más de media entrada que los escoceses cosecharon en La Riviera en lo que se supone que era la presentación de su más reciente trabajo discográfico, «Chaosmosis».

También cabe la actitud diseccionadora en la que podríamos intuir que Primal Scream ya no convocan la legión de fans que otrora arrastraban a cualquiera de sus eventos. Su escasa actuación en salas, pues ya se sabe que en la piel de toro han actuado principalmente en festivales, también podría afectar a la situación.

Lo más realista puede ser la sensación que nos quedó al término de su actuación, un regusto agridulce que en cierta medida hace que el seguidor menos acérrimo pierda el fuelle para repetir en sus citas, puesto que solamente los mas férreos seguidores de la banda salieron plenamente satisfechos del evento, un concierto, aun así, con sus luces y sombras, que resultó brillante en muchos momentos de la poco más de hora y cuarto de su duración. Y es que Primal Scream, les guste o no a muchos, tienen un impresionante bagaje, y solo necesitan tirar de galones y sacar un puñado de himnos del baúl para llevarse el gato al agua y avivar las brasas del fuego que una vez les aupó al Olimpo.

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