Parkway Drive + Stick to Your Guns, Darkest Hour – Madrid (La Riviera 27-4-17)

Negro sobre blanco

La cambiante e implacable primavera hizo un receso en su alocada montaña rusa de frío y calor la tarde del pasado jueves. Pareciera que los elementos se aliaran para permitir que los rayos de sol invitaran a acudir a la cita que nos tenian reservada los muchachos del Route Resurrection.

Una larga hilera de pertrechados y convenientemente uniformados adolescentes se estiraba desde la puerta de acceso a la sala La Riviera para conseguir una posición avanzada que les permitiera estar, al menos durante unas horas, cerca de sus ídolos y a su vez evitar las ínclitas palmeras. Los culpables de esa fila de hormigas no eran otros que Parkway Drive, que desde las antípodas nos visitaban para poner fin a su gira «Unbreakable 2017 Tour» en la piel de toro.

Una oportunidad más para poder verlos, y bastante reseñable puesto que los de Byron Bay no realizarán gira por este hemisferio durante este verano, y probablemente hasta el 2018 tampoco se dejarán caer por aquí.

El de Parkway Drive era un concierto esperado. Más aún conociendo los resultados que habían cosechado sus descargas dentro de esta gira en el resto de Europa. Aquí, desafortunadamente, no desplegaron, suponemos que por las limitaciones de las salas en las que actuaron, su cuidada puesta en escena, donde la pirotécnia, las llamaradas y los fogonazos de luz han sido marcas de la casa, resaltando las siluetas de los miembros de la banda, de impoluto negro para lograr el contraste adecuado. Habrá que esperar para verlos en la plenitud de su show en otra ocasión.

Acompañandoles durante toda la gira han estado las bandas Darkest Hour y Stick To Your Guns. Todavía estaba entrando público a la sala cuando Darkest Hour saltaron al escenario. Desde la capital de los estados juntos de América nos ofrecieron una muestra de su repertorio. Una especie de híbrido entre metalcore y thrash con muchos atisbos de las primeras épocas de Metallica y Anthrax, que John Henry y sus acólitos desplegaron entre frenéticos movimientos durante la media hora que duró su puesta en escena. A destacar la potente base rítmica de la banda, donde destacaba Travis Orbin, que parecía que hubiése venido directamente del casting de «300». El público, que venía con ganas de pasarlo bien, acogió con buen talante sus canciones y los primeros circle pits surgieron en la platea.

Stick To Your Guns tomaron el relevo. Su hardcore melódico, con tintes metalcore por momentos, engancharon al público durante casi todo el show, a pesar de que lo habitual sea que el respetable esté más en esos momentos por la salida del cabeza de cartel. Pero ya les habíamos adelantado que la tónica general que se había instalado entre los asistentes era la del disfrute hasta el último minuto de todo lo que sonara esta noche en La Riviera.

Jesse Barnett y los suyos, desde el condado naranja de los estados juntos de América, no paró un momento durante los aproximadamente tres cuartos de hora que duró su actuación. Podrían haber tocado un par de temas más, si no hubiera soltado las inmensas e interminables parrafadas que soltó durante la segunda parte de su set, ante las caras de poker que el resto de la banda tenían mientras su líder arreglaba el mundo y teorizaba entre las relaciones intergeneracionales. Ciertamente su propuesta musical, como hemos dicho, enganchó al público, pero su actuación adoleció de muchos bajones que cortaron el ritmo e hicieron que sus temas se desvanecieran en la memoria. Una lástima.

La tensión se palpaba en el ambiente cuando los pipas se encargaron de acomodar el escenario para la salida del plato fuerte de la noche. Una escena sóbria, unicamente vestida con unas plataformas en primera línea a modo de altar para la liturgia, y un juego de luces, principalmente blancas, que se encargarían de literalmente cegarnos durante la mayor parte del concierto. De entre la penumbra surgieron los chicos de Winston McCall para atronarnos desde el primer momento. Abrieron con «Wild Eyes«. Apuesta segura para pasar de cero a cien en un solo tema.

Un sonido pulcro, potente y milimétrico que se mantuvo durante todo el concierto. En algunos momentos la voz de McCall sucumbió ante la muralla sónica, pero creemos que fue mas bien algún momento en el que el señor McCall no estuvo atento a sus labores. Y es que, pese a quien le pese, y a pesar de proveer el envoltorio sonoro a las composiciones del grupo, Parkway Drive es Winston McCall. En algunos momentos Jeff Ling parece que intenta destacar desde su posición lateral, pero la presencia del líder del grupo es abrumadora, de lo cual son completamente conscientes el resto de la banda, que se dedican a permanecer en un segundo plano, interactuando más entre ellos que con el gurú al que adoran sus seguidores.

Visiblemente contento, suponemos que por el estupendo resultado de su gira, aunque aquí en el foro únicamente han conseguido atraer a las tres cuartas partes del aforo de la sala, McCall no paró de  agradecer al público su asistencia e implicación, y arengarlo para seguir con la fiesta hasta el último momento. Eso sí, sus disertaciones no llegaron al extremo de las de Barnett, lo cual contribuyó a que la fluidez del concierto fuera óptima. Le tendría que dar un tutorial al señor Worsnop y a alguno más que aprovechan los conciertos para dar su própio talk show.

La tralla no cesó en ningún momento y fueron desgranando los temas, con un set list calcado al que llevan haciendo en toda su gira. Quizás esto es lo único que podemos reprochar a la banda. Ese milimétrico control del show. Pero también hay que decir que la honestidad y la fiereza con la que lo defienden hace que pasemos por alto este detalle. Eso sí, podrían apuntarse para la próxima evitar el manido e insulso solo de batería que tuvo que marcarse Gaz para que sus compañeros pudiéran tomarse unos minutos de asueto y refrigerio, o al menos el señor Gordon podría prepararse algo mejor para la próxima, y no darnos una clase de stamina.

Poco después, cerraban su concierto ante el delírio del respetable con «Swing», donde pudimos ver varios intrépidos surfear por encima de las cabezas del público. Tras el amago de abandono, sepultado el escenario en la más absoluta oscuridad, reaparecen de entre las sombras para ofrecernos un bis que abren con la muy Korniana «Crushed», y luego poner al público la disyuntiva de elegir una canción para cerrar de entre dos opciones, mientras alguna fémina envía un sujetador al escenario, que por momentos parece que va a acabar colocado sobre la camisa del bajista.

Pero ya se sabe que el público del foro es mucho público, y al final, y por primera vez en su gira, McCall y sus chicos ceden y tocan ambas, «Bottom Feeder», y «Romance is Dead», con la que cierran un excelente concierto que nos hace esperar con ganas la próxima visita de estos canguros en la piel de toro. Grandes.

Set list Parkway Drive sala La Riviera:

Wild Eyes
Carrion
Dedicated
Vice Grip
Karma
Sleepwalker
Dark days
Destroyer
Boneyards
Writings on the Wall
Idols and Anchors
Swing

Bis:

Crushed
Bottom Feeder
Romance is Dead

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