Pudoroso con mi vida privada como soy, siempre me he preguntado qué puede llevar a alguien a desnudar sus vivencias en una obra autobiográfica. Bien es cierto que siempre hay obras de este tipo que no pasan por los momentos más escabrosos y/o controvertidos, y si acaso lo hacen es de puntillas y sin dar demasiado detalle. Sea como fuere, imagino que se trata en la mayoría de los casos de una necesidad vital para el autor, de buscar algo similar a una catarsis personal en la que celebrar lo bueno y deshacerse de los demonios.

Françoise Hardy da la impresión de ser de estos últimos casos. La francesa parece haber vaciado toda su reserva de recuerdos en estas memorias que nos hablan de la carrera musical de uno de los iconos de la canción del país vecino, pero sobre todo nos hacen partícipes de sus inseguridades, sus luchas personales y su ambivalente relación con otro icono francés, ese bon vivant llamado Jacques Dutronc.

Así, “La desesperación de los simios… y otras bagatelas” se convierte en muchas ocasiones en un relato de la desesperación de la protagonista, que nos hace partícipes con toda naturalidad de sus alegrías, sus tristezas y sus soledades. Un relato tranquilo, sin histrionismos ni salidas de tono, muy equilibrado y lleno de la sabiduría y la templanza que sin duda da el paso del tiempo. Personalmente me he visto enganchado a su lectura, a pesar de que la mayoría de referencias culturales y personales me resulten muy ajenas y de que, en algún que otro momento, uno sintiera estar contemplando como un voyeur escenas que no le correspondían.

“La desesperación de los simios… y otras bagatelas. Memorias” de Françoise Hardy está editado por Expediciones Polares.

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