La avaricia me vicia y Romero vuelve tan solo meses después con una nueva propuesta para actualizar el género parido por el mismo 40 años atrás, suponemos que para intentar aprovechar el tirón o simplemente porque le apetecía experimentar con lo que se estaba haciendo en ese momento. Así, nuestro protagonista entra en el mundillo del found footage estrenado (digamos mejor popularizado) por “The Blair witch Project” contándonos una historia grabada cámara en mano muy distante de su inmediatamente anterior obra de impecable factura.

Y no le sale nada mal; sin embargo, es evidente que no controla el medio, dado que tanto el sonido como la imagen son impecables en todo momento y los encuadres son igualmente ajustados a cualquiera de los ataques de los muertos.

El guión es más de lo mismo, pero no vamos a criticarle por eso dado que sabemos a lo que vamos y el hombre trata de modernizar y atraer a la chavalería, regresando al cine de guerrilla con bajo presupuesto junto a un encomiable trabajo de maquillaje y algo de CGI de cuestionable factura. En esta ocasión, Romero carga contra los pijos de extrarradio que visten GAP, son blancos y escuchan RAP en la MTV.

No voy a decir que es un intento fallido, pero empieza a perder el interés a pesar de ser Romero; los fans del género la aceptarán por ser de quien es y porque nos gusta un muerto más que un caramelo a un tonto, pero lo cierto es que el ritmo decae y la idea de que este hombre no tiene mucho más que contar tras 39 años dirigiendo empieza a rondar nuestras cabezas. Quizás esta debió ser la última de sus obras… o quizás me equivoco y no sé leer la autoparodia. Además, una vez más logró doblar el presupuesto inicial, aunque está vez solo rodó con dos millones de dólares en los bolsillos. Grande Romero se mire por donde se mire.

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