No vamos a hacer el cuñao diciendo que es la primera película de zombis porque ejemplos hay muchos y variados: “White zombie” de 1932 con el bueno de Béla Lugosi; “The Walking Dead” del 36 cercana al género zombi que solo menciono porque su director era un jovencito Michael Curtiz que una década después firmaría “Casablanca”; “I walked with a Zombi” de Jaques Tourner y una larga lista que alimenta a lo largo de décadas las estanterías con cada vez peores resultados hasta el cambio de paradigma que supone la cinta de Romero.

El joven director neoyorkino se había mudado a Pittsburg años antes para estudiar cinematografía y sería allí donde acabaría desarrollando la mayor parte de su universo cinematográfico. Amante de las películas mencionadas y con más ganas que dinero se embarcó en la grabación de “La noche de los muertos vivientes”, que inicialmente iba a titularse -entre varios títulos barajados- “La noche de los comedores de carne” y que finalmente cambió a lo que conocemos por existir ya una obra previa con ese mismo nombre.

Romero toma como referencia una cinta independiente rodada seis años antes, “Carnival of souls”, serie B en estado puro que muestra una secuencia en la que unos demonios atacan una casa. Este filme está considerado a día de hoy como objeto de culto en ese pódium habitado por “2000 maniacos”, “Blood feast” o la película que nos ocupa. En cuanto al argumento Romero confiesa que la lectura de “Last man on earth” (y también la adaptación de 1964 con Vincent Price) supusieron un chispazo a la hora de plantear el argumento del último superviviente que tanto se repetirá en su filmografía.

Lo primero que hay que decir sobre la película es que si bien es de bajo presupuesto, no estamos ante uno de esos proyectos en los que el director tuvo que ir a vender su sangre o su coche para financiarla. El presupuesto inicial superaba los 100.000 dólares de la época, en unos tiempos en los que una producción como “El planeta de los simios” contaba con seis millones de dólares de presupuesto, y sus secuelas se produjeron por la mitad de dinero. No digo que Romero fuese sobrado de dinero, pero desde luego no estamos hablando de Aranofski rodando con sus ahorros del bar mitzvah.

Dado que su primera elección para actor protagonista falló en el último momento, Duane Jones pasa a ser el protagonista indiscutible con una interpretación más que solvente a pesar de ser su primer papel y con el shock que supuso en la época ver a un actor negro como protagonista absoluto en una cinta de terror en un momento en el que el público estaba solo acostumbrado a ver a Sidney Poitier hacer de negro majete.

El blanco y negro sumado al 35 mm para abaratar, el uso de chocolate a modo de sangre como ya haría Alfred Hitchcock una década antes y la coyuntura social americana del 68 hicieron de este filme sin mayores pretensiones una obra maestra.

George A. Romero había parido una obra maestra, toda una crítica social y un antecedente para todo un género sin saberlo. Y como decíamos, este perdedor vio desvanecerse cualquier opción de lucrarse por un error en la distribución del film que provocó en última instancia que la película pasara a ser de dominio público.

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