Daniel Lanois – Madrid (Teatro Lara 28-3-17)

La música del futuro

Pareciera que las secuelas de un bombardeo habían sacado las entrañas de la calle que nos conducía al Teatro Lara. Curiosamente, como una pausa, un remanso se situaba justo a las puertas rojas y negras del lugar elegido para la congregación esta noche.

Los hados son caprichosos, y parecía que nos dieran pistas de lo que nos íbamos a encontrar en la pequeña bombonera. Ninguno de los allí reunidos tenía certeza alguna de lo que el gurú de las atmósferas nos tenía preparado.

Diverso pelaje entre el respetable, con predominancia en la mediana edad, se reunió en el evento. Músicos y sesioneros de renombre, fans de bandas que han pasado por el tamiz del quebequés, algún que otro cultureta y también algún despistado llenaron la bombonera del Teatro Lara.

Sin teloneros para dulcificar la entrada al escenario, que se vestía únicamente por una steel guitar enchufada a una torre de efectos y dos amplificadores del siglo pasado, y otro punto donde una mesa de mezclas conectada a un cerebro analógico y algún que otro ordenador frutal, para dar salida a un inmenso amplificador de bajo envuelto en celofán, Daniel Lanois se disponía a revelar en que iba a consistir su liturgia esta noche.

Y sin mas dilación, y precedido por su ayudante a modo de sombra que arranca la maquinaria, la cual  brama con una intensidad atávica, sale a la escena Daniel Lanois, enfundado en un vestuario casual que podría ser el de un estibador en un templo lama del Tibet.

Se sienta detrás de su steel guitar y empieza a desplegar la magia, construyendo toneladas de capas y texturas que crea con un manejo magistral de las cuerdas, y retuerce a base de loops y filtrados por la cacharrería a la que esta conectada.

Parece que el concierto transitará por estos caminos, pero al terminar el tema, abandona su sitio y se desplaza hacia el otro punto marcado, donde comienza a manipular la mesa de mezclas y los procesadores de sonido.

Despliega entonces su arsenal, que podría por momentos estar dentro del ambient más experimental, otros en el drum&bass más etéreo y en algunas ocasiones el electropop más condescendiente.

Podría tener ciertas conexiones con Autechre o Aphex Twin, o con el patrio Godafoss, pero tenemos que tener en cuenta que el señor Lanois ya estaba allá por el lejano 82 haciendo cosas como la producción del “Ambient 4: On Land”, para Brian Eno, que lo fichó por hacer en aquel momento con maestría lo que estaba desplegando de una manera muy natural esta noche en el Lara.

Lanois, ante nuestros ojos y oídos, modificaba pistas pregrabadas, en las que mezclaba partes propias y ajenas, subiendo y bajando pistas y patrones, procesándolas analógicamente, cambiando sus ondas sonoras y todo lo que le pasara por su cabeza en ese momento.

Cierto es que tenía gran parte del guión, a modo de escaletas, previamente preparado, pero cierto es también que solo las utilizaba como líneas maestras para dejarse llevar por la vorágine del momento.

Realmente era difícil saber si los temas que estaba desplegando correspondían a alguna composición registrada en alguno de sus álbumes, o estaban pergeñadas ad-hoc para la gira. Creo que a la gran mayoría del público le ocurrió lo mismo, e igualmente, no les importó lo mas mínimo, epatados en su mayoría con la avalancha de información que salía del set del canadiense. Hubo alguno que al término del concierto nos confesó haberse sentido abrumado en algunos momentos con la diversidad mostrada, que no le había llegado a enganchar.

Así pasó el derroche de Lanois, sepultado en la penumbra y detrás de sus gafas durante toda su actuación, en la que sugerentes visuales milimétricamente coreografiados acompañaban en una pantalla tras el sumo sacerdote, y que de cuando en vez, mediante circuito cerrado de video nos mostraban los entresijos, la parte de atrás de los aparatos, que las manos de Lanois manipulaban con destreza.

Tras una hora aproximadamente, que se hizo corta al menos para el que escribe, llega el momento de la despedida. Armado con un micro, nos dice lo bien que se siente tocando en un sitio tan especial como en el que estamos, la bombonera del Lara, y que ha disfrutado mucho de la actuación, esperando que al respetable le haya ocurrido lo mismo, agradeciendo a los congregados el haberle permitido mostrar un poco de lo que denomina “música del futuro”. Amabilidad canadiense. Nos anuncia que se va a despedir interpretándonos una canción de cuna, con la que nos desea una feliz noche. Entrañable.

Lanois vuelve a sentarse tras su steel guitar, cerrando el círculo de la actuación de la misma manera en la que lo comenzó. Tras unos minutos en los que arranca sutiles y etéreas sensaciones de las cuerdas, se retira del escenario.

Al público le sabía a poco, y jalearon lo suficiente para que el de Quebéc saliera de nuevo a la palestra, para confesarnos que ya no tenían más repertorio preparado, pero que se sentía muy a gusto en Madrid, bromeó con venir a vivir al foro una temporada a producir y componer, y que haría un tema más o menos improvisado.

Nos iba a regalar un caramelito con el que nos iríamos contentos, y con su ayudante a modo de soporte de micro, y una steel guitar esta vez desnuda y desprovista de artificios, nos toca nada más y nada menos que “The Maker”, aquella gema con la que Lanois comenzó su carrera musical como intérprete, tema que nos ofrece de forma sublime, sincera y sutil.

Círculo cerrado.

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