Terminada ya la segunda temporada y el shock por el resultado de este año ya superado,   me decido a ponerle unas líneas a esta serie.

Hace ya un cuarto de siglo se cerraba la trilogía de “Posesión infernal” y fue siempre tema de conversación la vuelta de Sam Raimi y Bruce Campbell a la acción. Hace unos cuatro años el cineasta Federico Álvarez firmaba un interesantísimo remake que sin ser la original desde luego no era un insulto a la franquicia; estrenada esta cinta sin embargo, cualquier esperanza de volver a ver al bueno de Bruce en el papel de Ash parecía haber desaparecido. Hasta que la era dorada de la televisión hizo su magia y convirtió a Ash en un personaje televisivo que un madurito fucker Bruce Campbell traería de vuelta a la vida.

Traer de vuelta a la franquicia como a cualquier otra tiene un peligro increíble ya que tienden siempre al desastre sin remedio: el nuevo Ash es viejo y tiene sobrepeso, trabaja en un supermercado y sigue siendo un guarro; sin embargo mantiene su magnetismo de fucker. El formato y el guión están definitivamente diseñados para la pequeña pantalla: es rápido, efectivo y muy ágil. El CGI es bueno y supongo que el hecho de que se hayan economizado tanto hace posible que sean buenos sin gastarse un dineral. Es curioso que el gran Nicotero al frente de los mismos en “The Walking Dead” se educase en la versión cinematográfica de esta serie.

La serie en su primera temporada quiere lanzar una historia en la que Ash acompañado de dos escuderos combate a los demonios; sin embargo, si bien esta trama central se mantiene, iremos viendo diferentes tramas por capítulo como el formato televisivo requiere.

Bruce Campbell está en forma, muy en forma y es el mejor a la hora de interpretarse a sí mismo en el personaje que lo hizo a él

¿Merece la pena verla? Es imprescindible.

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