Si hace unos días recuperábamos la pequeña joya que fue a principios de la década “Death Valley”, hoy traemos “Santa Clarita Diet”, la última apuesta de Netflix que entra en el género del humor Z sin despeinarse. La receta es sencilla: mezcla “Mujeres desesperadas” con la infame “Z Nation” y obtendrás lo que Rob Thomas intentó y no pudo conseguir con la olvidable «iZombie».

“Santa Clarita Diet” es una serie que debe ser vista por cualquiera que guste de una comedia; el gore, que lo hay y en abundancia desacomplejada, pronto pasa desapercibido y el chiste queda por encima de todo.

Cuando me informé sobre este nuevo producto de Netflix comentaban con gran acierto que es una gran ventaja el formato en el que este canal publica sus productos, -para quien no lo sepa, todo de golpe-. El primer capítulo es flojo y el segundo tampoco es una maravilla pero siguiendo adelante la crema empieza a tomar forma y engancha de mala manera y las risas aumentan. Amén al comentario de que viene bien en este formato de “todo-de-golpe” porque es el único modo de darle una oportunidad y pasar el bache de sus dos primeros episodios, que por cierto están dirigidos por Ruben Fleischer (“Zombieland”).

Una estupendísima Drew Barrimore protagoniza y produce la serie que se desarrolla en los ricos y blancos suburbios de cualquier ciudad de la costa oeste. Su personaje Sheila un buen día se convierte en zombie y en veremos sus día a día de familia yankee típica con la salsa que el factor zombie añade. Su marido, interpretado por un Timothy Olyphant al que vimos en “Deadwood”, la horrible “Hitman” o la entrañable “Las vueltas que da la vida”, hace lo que puede por aguantar el tirón y estar con su querida esposa.

¿Merece la pena verla? Es imprescindible.

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