¡Resista, SOS 4.8!

¡Resista, SOS 4.8!
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Hace algunos años, más de los que estoy dispuesto a confesar, cierto promotor sureño deslenguado y bastante faltón se quejaba en un foro de internet (¿os acordáis de aquellos sitios que frecuentábais antes de que se popularizara el Facebook?) de que para montar su pequeño festival tenía que competir con otros eventos de similares características, solo que organizados mucho más al norte. Su queja básicamente era que mientras él no contaba con ningún tipo de ayuda institucional y todo el dinero que se jugaba era propio (al menos eso aseguraba), en otros lugares los promotores contaban con jugosas subvenciones públicas. El resultado es que, muchas veces, este pobre hombre tenía que asistir estoicamente a cómo le levantaban bandas, con lo cual el único recurso que le quedaba era el de la pataleta (y bien sabe Dios que lo ejercía, vaya que si lo ejercía). La vieja lucha entre el sur pobre y el norte rico supongo, solo que trasladada al escenario de las promotoras de rock.

Pero hete aquí que algún año después, los organizadores del festival al que supuestamente apuntaba nuestro anterior protagonista amenazaron con abandonar su ubicación habitual para establecerse en climas más benignos. Climas más benignos para su bolsillo, se supone, puesto que su queja estaba basada en que al parecer no recibían el suficiente dinero público para sacar adelante un cartel de primera fila, algo que no dudaron en airear en la prensa regional aprovechando todo su arsenal (impacto económico en la ciudad de acogida etcétera etcétera). Todo acabó finalmente en agua de borrajas ya que el festival siguió -y sigue a día de hoy- celebrándose en su lugar habitual, para regocijo de hosteleros, hoteleros y foreros.

Una vez alguien me dijo que no había que montar una empresa pensando en vivir de las subvenciones, pues cuando vinieran mal dadas, como con la coyuntura económica del último lustro y pico, la empresa se iría “a tomar por culo” y el empresario detrás. Y yo me pregunto cuán aplicable es esto al mundo de los promotores musicales, puesto que parece que está a la orden del día que instituciones públicas subvencionen a fondo perdido eventos musicales y culturales (y no todos necesariamente relacionados con el mundo del rock, que quede bien claro), de mayor o menor entidad.

Si bien todos estamos de acuerdo en que la cultura es un bien escaso y su apoyo casi inexistente (y no digamos ya el tipo de cultura que se relaciona con la música rock), a mí particularmente me resulta un tanto escamoso que entidades privadas se lleven dinero público sin mediar ningún tipo de convocatoria competitiva. Pero aquí el fin justifica los medios supongo. Y sinceramente, este no es un tema que me reconcoma habitualmente: mientras pueda ver a algunos de mis grupos y solistas favoritos yo creo que ya se justifica, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de Justin Biebers y Beyoncés que triunfan por el mundo y que hasta tienen su lugar preferente en los informativos cada vez que deciden regalarnos con su presencia.

Sin embargo, todo este batiburrillo de ideas ha vuelto a mi mente por una información recibida esta misma semana. Según ella el festival murciano SOS 4.8 podría dejar de celebrarse por la dejadez del gobierno regional. Según los organizadores del festival, no habrían recibido el dinero prometido por la Consejería de Cultura desde el año 2013, lo cual hace muy difícil su situación económica y la propia viabilidad del festival. La promotora no hace más que defenderse de unas manifestaciones lanzadas por la Consejera de Cultura de turno en sede parlamentaria, pero como no he podido acceder a la fuente primaria no puedo opinar al respecto. Según se deduce del comunicado de la empresa, podría darse la kafkiana situación de que el festival continuase sin su concurso, esto es de su propia creadora, algo que combatirían en los tribunales. ¡Y en su edición de décimo aniversario!

Lo que sí parece claro es que de existir un compromiso por parte pública hay que cumplirlo, porque lo contrario es dejar con el culo al aire a quien no está de paso como sí lo puede estar un político, sino que para él se trata de un medio de vida. ¿Son justas estas subvenciones? Sinceramente, no lo sé, pero tal vez habría que preguntarse qué nos quedaría sin ellas. Os lo diré yo: la “cultura” se reduciría a lo que tiene cabida en el informativo de las 15:00, a las colas de treceañeras apostadas frente a un pabellón durante semanas para ver a algún niñato malcriado o a lo que algún tipo de élite corporativa en alguna parte decida que es menos nocivo para sus intereses. ¡Resista, SOS 4.8!

Edición (23/12/2016): Finalmente SOS 4.8 no celebrará su décima edición en 2017, siendo esta pospuesta al próximo 2018.

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