A los hijos del rock and roll… ¿bienvenidos?

Dicen que comer sin compañía es un tanto triste, y tal vez por eso yo me pongo la tele. Y como quiera que para cuando llego a mi casa es ya lo suficientemente tarde como para pillar un informativo en condiciones, no me queda más remedio que ver la previsión meteorológica y un rato de lo que venga después, que normalmente suele ser «Zapeando». Y no porque me guste ese programa especialmente (salvo Ana Morgade y Quique Peinado, el resto de colaboradores y el sosainas del presentador me parecen bastante mediocres), sino porque lo que no me gusta es tener que levantarme a por el mando si todavía no he acabado con mi ingestión de nutrientes. Así que normalmente cuando empieza, el canal sigue donde estaba. A no ser que hayan llegado a la parte en la que hablan de «El Hormiguero», que entonces puede más mi profundo odio hacia Pablo Motos y me levanto como un resorte.

La razón para la que hable hoy de esto es por lo tanto una muy distinta a la afición. Y además tiene bastante que ver con los contenidos de esta web, por cierto. Y es que en el plazo de menos de dos semanas he visto un par de cosas que han hecho que me lleve las manos a la cabeza. Empezaré por lo más reciente. Un día de estos, el presentador del programa daba la bienvenida a los telespectadores a ritmo del «Bienvenidos» de Miguel Ríos, lo que provocó la ¿gracia? de esa chica que se ha casado con un cocinero en la que acusaba al primero de estar demodé por cantar cosas «viejas» (no sé si se expresó en esos términos exactamente, pero ya entendéis la idea). Sé que la pobre chica solo repite lo que le han escrito unos guionistas, pero me pareció tan irritante que le he cogido manía y todo. Y no porque sea fan del bueno de Mike Rivers (de hecho tengo una camiseta en la que le llaman «hijo de puta»), sino porque me parece muy triste que las generaciones más jóvenes vean la música de hace más de un lustro como algo de y para «viejos» y ese desprecio que muestran por todo aquello que no han visto en los medios generalistas. Alguno dirá que con cierta edad seguro que yo también despreciaba la música que no era de mi generación, pero creo que mi primer disco de Jimi Hendrix, alguien que si no recuerdo mal había muerto años antes de que yo naciera, lo compré bastante antes de cumplir la mayoría de edad…

Pero como decía, todo este cabreo empezó unos días antes, cuando hablaron de la aparición de Metallica en el programa del norteamericano Jimmy Fallon. Inocente de mí yo creía que Metallica eran como la Coca Cola, conocidos por doquier. Pero amigos, va a ser que no. Se me hundió el alma a los pies cuando vi que el citado Quique Peinado se vio obligado a explicar antes de poner el video quiénes son Metallica. Entendería que fuera necesario explicar quién es Dave Mustaine o incluso Judas Priest… ¿pero Metallica? Vamos, pero si el «Black Album» es el disco más vendido en los Estados Unidos desde que se llevan a cabo estadísticas y una obra que había vendido hasta hace unos meses 16 millones y medio de copias.

Me gustaría pensar que no vivimos en un país de analfabetos funcionales e incluso a veces me planteo que toda esa mayoría de gente estándar esté en lo cierto: somos bichos raros. Luego se me pasa, pero eso no evita que piense que estamos en peligro de extinción, que gracias al poco interés de los medios esto se nos muere entre las manos.

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