La despedida de Aerosmith: lo que el corazón me dicta

La despedida de Aerosmith: lo que el corazón me dicta
4 (79.46%) 37 votes

Vi a Aerosmith hace ahora casi un cuarto de siglo, el 6 de noviembre de 1993. La cita fue en el entonces acostumbrado a eventos de este tipo Velódromo de Anoeta de Donostia, lugar en el que por cierto durante algunos años puede ver a algunas otras de mis bandas favoritas (también recuerdo algún otro concierto en el cercano Polideportivo, como por ejemplo The Black Crowes durante la gira de “Amorica” o Bad Religion presentando “Recipe for Hate” en su primer tour por nuestro país).

Y puede que sea nostalgia del adolescente que fui o por la inexperiencia que tenía entonces en cuestiones conciertiles, pero haber visto a Steven Tyler, Joe Perry, Brad Whitford, Tom Hamilton y Joey Kramer juntos sobre un escenario cuando todavía eran fiables (y me refiero a repertorio, no a condiciones físicas) es algo que prometo llevarme a la tumba. El recuerdo que guardo de aquel concierto es el de haber presenciado algo grande; algo muy grande de hecho. Poco me importa ahora pensar que “Get A Grip” sea un disco que ha envejecido tremendamente mal. En mi cabeza el de Aerosmith siempre va a ser uno de mis conciertos favoritos de mi vida.

Supongo que por aquella época empezó el declive de la banda, y cuando la banda comenzó a dar tumbos con discos peor que mediocres y blandengues baladitas mojabragas sentí que los habíamos perdido para siempre. De hecho tuve la oportunidad de haberlos visto hace unos pocos años en una de sus últimas visitas y me negué a ir: me prometí a mí mismo que no me iba a estropear el recuerdo de aquella vez que, siendo un chaval, los había visto en primera fila.

Y aquí estamos algunos años después, con mayor poder adquisitivo y a punto de romper una promesa hecha a mí mismo, sopesando si merecerá la pena -sobre todo imaginando más o menos el repertorio- pagar ochenta euros por una entrada para esa recién anunciada gira europea de despedida, pero temiendo llevarnos la decepción del siglo. Porque esperar que los Aerosmith de 2016-17 se centren en su etapa gloriosa de los 70 y la que va de finales de los 80 a primeros 90 es no ya pecar de ingenuo, sino soñar despierto. Y probablemente los de Boston estén haciendo lo correcto, porque los que los conocimos en los 80 o los que los siguieron en los 70 no seremos más que una ínfima parte de ese público que seguramente abarrotará sus conciertos.

Asumámoslo, esto es lo que hay. Imagino que acabaré cediendo y yendo a ver por segunda y última vez a los autores de “Walk This Way”, aún sabiendo que probablemente no es la decisión más acertada y que voy a acabar con el corazón destrozado, pero eso es precisamente lo que me pide el cuerpo. Sé que si no voy acabaré arrepintiéndome de no haber al menos intentado despedirme de una de mis bandas preferidas de toda la vida. Lo reconozco, me puede el romanticismo…

Comentarios

Comentarios