Y el anticristo se manifestó y hablaba en una lengua extraña…

En octubre del año 1996 se publicaba «Anticrist Superstar», la segunda obra -y último disco realmente notable- de Marilyn Manson. Hablaremos en otro momento de este disco porque el objeto de este artículo es otro bien distinto. Y probablemente a alguno le suene a pura invención lo que voy a contar, pero prometo que esto realmente ocurrió. Es una anécdota que me gusta contar y el otro día caí en la cuenta de que nunca había hecho lo propio por aquí.

Hoy en día, gracias a los avances tecnológicos, uno puede llevar casi casi su discografía completa en un bolsillo gracias a la memoria de su teléfono móvil, pero quiero remontarme a hace más o menos dos décadas, cuando ni siquiera se había popularizado el mp3 y las grabadoras de CDs eran todavía una novedad bastante cara. Por cuestiones de la vida, entre mediados y finales de los 90, yo me encontraba viviendo en otra ciudad en un piso compartido. Por aquel entonces, el que tenía en el piso alquilado un microondas vivía como un rey; os podéis imaginar por lo tanto lo que significaba contar con un buen reproductor de CDs. El caso es que nosotros no lo teníamos, así que normalmente pasábamos con las cintas de cassette que grabábamos. Hacia octubre/noviembre de 1996 como decía me compré «Antichrist Superstar», y aunque le pedí a un amigo que vivía en casa de sus padres que me lo grabara en una cinta que yo mismo le proporcioné, tuve que esperar al fin de semana para poder escucharlo porque este amigo por aquel entonces era bastante dejado. Recuerdo escucharlo obsesivamente durante todo el fin de semana de vuelta en casa de mis padres, y obviamente grabármelo en cinta para poder llevármelo de vuelta.

No me da vergüenza reconocerlo, nunca he renegado de nada musicalmente hablando, «Antichrist Superstar» se convirtió en uno de los discos que más escuché durante una época y todavía hoy lo considero uno de los mejores discos de los 90. Así que podéis imaginar que me conocía los recovecos de aquel disco casi como la palma de mi mano. Nuestra historia comienza aquí, un tiempo después, en el mismo piso compartido y con la misma colección de cintas grabadas. Como quiera que era una persona con vicios caros (no me entendáis mal, me refiero a discos y a cómics básicamente) y no perdonaba salir un jueves, a veces la falta de liquidez era un problema para la compra de cintas vírgenes. En ocasiones conseguías reciclar alguna, pero aquel día llegué a la conclusión de que no me podía deshacer de ninguno de los discos que tenía grabados. Opté por el plan B: buscar en las de mis compañeros a ver si había alguna «huérfana». Tras pasar un buen rato comprobando cintas (muchas no tenían ni caja y no digo ya una triste pegatina con el título del disco), una de ellas llamó mi atención. Y aquí es cuando la historia comienza a tornarse como mínimo rara. No recuerdo si fue su aspecto (no recuerdo la marca, pero puedo asegurar que no era una muy habitual), pero por alguna razón aquella cinta destacaba. Aquella sin duda iba a ser LA cinta.

Nunca me habría atrevido sin embargo a reciclar una cinta que no fuera mía sin permiso de su legítimo dueño, así que pregunté a mis compañeros a ver si era de alguno de ellos. Ninguno la reconoció como suya, pero antes de apropiármela por todo el morro la puse en el cassette para ver si la música contenida en ella podría darme una pista de quién la había grabado. Del pequeño altavoz de aquel cassette comenzaron a salir unos extraños ruidos que me resultaban muy familiares, pero que tardé unos instantes en reconocer. De repente me di cuenta: se trataba de «The Beautiful People», el exitoso single extraido de «Antichrist Superstar», solo que… reproducido al revés, desde el final hasta el principio. Sin salir de mi asombro reproduje todo el tema en sentido inverso (no reconocí ningún mensaje satánico, todo sea dicho), y después… nada. Silencio absoluto durante los siguientes 40 minutos (era una cinta de 90 minutos). Y por la otra cara más de lo mismo, tampoco había música grabada. Obviamente cuando les comenté el asunto a mis compañeros ninguno sabía nada.

Soy consciente de que tiene que haber una explicación técnica para aquello, pero la cosa fue lo suficientemente misteriosa como para que decidiera conservar aquella cinta tal cual, en plan fetiche. A día de hoy no sé dónde cojones estará, hace al menos tres lustros que no la he vuelto a ver. Pero no me neguéis que es una buena anécdota.

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