El negocio de la nostalgia musical

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Hace ahora tres años exactamente tomaba notas para un posible artículo que nunca llegué a terminar. Su título era «10 bandas que deberían volver desesperadamente». Y nunca llegué a acabar aquel artículo porque simplemente me olvidé de él (o perdí el interés, que para el caso es lo mismo). Si ahora os estoy hablando de ello es porque, buscando en mi archivo personal algún texto que permaneciera todavía inédito, ha vuelto a asomar. Como su estado era muy embrionario simplemente os comentaré que de ocho grupos que ya tenía pensados, cuatro han acabado anunciando su regreso en este tiempo; un quinto suena insistentemente en los mentideros del rock como la próxima gran reunión del underground musical; otro más perdió a uno de sus componentes, con lo que la reunión parece haberse esfumado definitivamente -aunque dos de los supervivientes llegaron a actuar juntos después de décadas-; y finalmente dos ni están ni se les espera, pero alguno de los integrantes de otro de ellos ha mencionado en redes sociales que echa de menos el grupo y el otro, mucho más legendario, suele ser objeto de rumores cada cierto tiempo.

Aparte de lo anécdotico del asunto, creo que los datos son lo suficientemente ilustrativos de un hecho innegable en el mundo de la música: a la gente le gusta regresar a momentos o a estados anímicos de su pasado a través de los que fueron en su día sus bandas de cabecera. Y si no que se lo pregunten a todos esos grupos de versiones de medio pelo que han proliferado como el moho en la nevera de un soltero. Por más que a los que echamos pestes de este tipo de buitres nos pese, hoy en día los grupos de versiones tienen bastante éxito. Desde luego bastante más que el que tienen grupos que defienden su propio cancionero. Y para muestra la inclusión en algunos festivales de bandas de este tipo o incluso la proliferación de giras e incluso festivales completos dedicados al mundo del «homenaje». Que digo yo que si tienes que ganarte la vida con las canciones de otros (y aquí hago un inciso: ¿todos estos grupos pagan sus correspondientes derechos a los grupos originales?), tal vez deberías plantearte si tu aportación a la música es realmente necesaria.

No nos engañemos, la nostalgia funciona. Y funciona muy bien. Por eso muchos grupos deciden también volver «por el bien de sus fans» (imagino que el dinero es secundario para la mayoría de ellos). O por eso cada lustro más o menos somos testigos de una nueva remasterización de las discografías completas de ciertas bandas, mientras discos básicos hoy en día inencontrables de forma oficial siguen siendo pasto del intercambio por internet porque nadie parece querer poner remedio (¿porque no da los suculentos beneficios que sí ofrecen la enésima tanda de reediciones de Led Zeppelin o Iron Maiden? Lo reconozco, en ocasiones soy muy malpensado).

Imagino que nadie tendrá muchas ganas de darle la vuelta a las implicaciones que todo esto tiene para el mundo de la música. Pero las tiene. Al menos dos y en mi opinión muy graves: apenas hay posibilidad de que surjan nuevos talentos, ya que no cuentan con el espacio ni el apoyo ni mucho menos con el tiempo para desarrollar una carrera de largo recorrido; y los nuevos grupos que surgen, por si fuera poco con tener que vérselas para sobrevivir, tienen además que luchar contra la competencia (algunos dirían que desleal) de todos estos grupos que utilizan los repertorios de otros para hacerse un hueco en las programaciones de las salas de conciertos.

Y yo sé que mi pataleta no va a llegar a ninguna parte, pero todo esto me parece bastante triste. No hace falta recordar que el rock no goza de muy buena salud, y me pregunto si todo esto no es un poco como un suicidio del que nadie parece ser consciente, pero del que todos acabamos siendo partícipes.

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