Los chivos expiatorios del rock: Ice T, Body Count y el caso de ‘Cop Killer’

No pretendo frivolizar con este tema, pero me sorprende que todavía nadie haya culpado a Ice T y Body Count de inspirar los últimos tiroteos registrados en Estados Unidos contra agentes de policía. Estoy hablando obviamente del tema «Cop Killer», aquella canción que la banda metalera del rapero incluyó inicialmente en su primer álbum, pero que ante la controversia y la persecución por parte del lobby policial se vió obligado a retirar de los siguientes prensajes de su debut. Coincidió todo el asunto en el tiempo con los disturbios de Los Angeles, que para los más jóvenes del lugar recordaremos que vinieron motivados por la absolución de los agentes de policía involucrados en la injustificable paliza a Rodney King, un ciudadano negro que habían perseguido por conducir borracho. Supongo que han pasado muchos años ya y pocos recuerdan aquel revuelo, para fortuna y tranquilidad de Ice T.

América, como a los estadounidenses gusta llamar a su país probablemente sin reparar en que es el nombre de todo el continente, sigue sin aprender de sus errores. Y siento decirlo pero me extraña que una oleada de incidentes similares no se haya producido antes. Al fin y al cabo en Estados Unidos no es difícil conseguir un arma -casi cualquier tipo de arma-; es de hecho un derecho constitucional cuyas raíces no vamos a explicar ahora aquí. Pero sí me gustaría señalar que parece que ciertos sectores norteamericanos siguen viendo en la expresión artística musical una peligrosa arma a la que combatir por todos los medios.

Y es que parece muy fácil culpabilizar de los actos criminales cometidos por algunos a la inspiración que puede proporcionar cierta música: Ozzy Osbourne o Judas Priest tuvieron que defenderse en los tribunales de su supuesta responsabilidad en varios suicidios (leer más sobre el tema aquí y aquí); Marilyn Manson fue culpado del tiroteo de Columbine porque los tarados que lo perpetraron eran fans suyos (y si no me falla la memoria, en algún documental televisivo sobre la tragedia realizado poco tiempo después, se citaba como detalle muy relevante que uno de los dos asesinos lucía una gorra de Nine Inch Nails). Sin embargo, a nadie se le ocurre acusar de pernicioso para la juventud el pobre mensaje intelectual que transmiten muchas de las estrellitas pop de moda o el patético ejemplo que dan idiotas como Kanye West con sus gilipolleces, como la pataleta de los Grammy ante Beck Hansen.

Pero no hay que cruzar el charco para encontrar a músicos «culpables» de no sé qué delitos simplemente por haber expresado sus opiniones. Tenemos, sin ir más lejos, la persecución a la que han sido sometidos Soziedad Alkoholika desde hace años por parte de los sectores más radicales de la rancioderecha española. Los vitorianos se vieron obligados a cesar toda actividad hasta que un juez dictaminó que eran inocentes. Y mucho más cercano en el tiempo es el caso de César Strawberry, juzgado por unas tal vez desafortunadas frases difundidas por cierta red social. Podré estar de acuerdo o no con los mensajes, pero lo que tengo muy claro es que estamos persiguiendo «delitos» de opinión conforme a una única ideología y no según unas bases objetivas y mesurables.

Y sin embargo a nadie parece preocuparle la cantidad de descerebrados que, ante la suspensión de la programación habitual de la cadena española de Berlusconi después de la tragedia del avión de Germanwings, estuvieron lanzando mensajes insultantes por las redes contra toda una región incluso. Por ejemplo.

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