Azkena Rock Festival 2016 – 17/18-06-16, Vitoria-Gasteiz

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Recién clausurada una de las peores ediciones del Azkena Rock Festival en cuanto a lo climatológico, ahora nos toca ocuparnos de hacer un repaso a lo que de verdad importa, la música que se ha podido vivir en Mendizabala este pasado fin de semana. Y lo cierto es que a pesar de todo, ha sido una edición bastante reseñable, aunque nuevamente ha sido imposible disfrutar de todo por culpa de los solapamientos de horarios. La asistencia ha sido también bastante elevada, con 18.000 personas en la segunda de las jornadas y poco más de 12.000 en la primera.

El viernes a eso de las 19:00 de la tarde, las colas para acceder al recinto de Mendizabala eran notables. Probablemente la mayoría de los asistentes tuvieron la misma ocurrencia que servidor, la de esperar a resguardo con la esperanza de que dejase de llover (o de que al menos lo hiciera de manera menos intensa). Es lo único que se me ocurre para explicar que algunas personas tuvieran que esperar bajo la lluvia para recibir su pulsera entre 40 minutos y una hora. De cualquiera de las maneras, un no anunciado Julián Maeso estaba dando los últimos compases a su concierto en el tercer escenario para cuando pude acceder a esa tierra prometida llamada ARF. Una lástima, pues Maeso es uno de los artistas actuales más interesantes de todo el panorama nacional. Nuestra primera cita sería para con Lucinda Williams, que con un horario extenso se hizo dueña del escenario principal cuando todavía seguía lloviendo. La norteamericana sin embargo ofreció un irregular concierto con el que no conecté prácticamente hasta la recta final, cuando cobró algo de brío. Valga como muestra el detalle de la interpretación un tanto ralentizada de «Drunken Angel», donde parecía que la banda iba a medio gas. Aún así los pinitos de Lucinda con el castellano y la interpretación final del comodín «Rockin’ in the Free World» hicieron que se metiese al público en el bolsillo.

Sus compatriotas Blackberry Smoke serían los siguientes en el segundo escenario. A pesar de que les faltase un puntito de volumen, los de Atlanta gozaron probablemente del mejor sonido del día, con todos los instrumentos nítidamente audibles en la mezcla. También fue uno de los conciertos del día, con una banda que se nota en un momento muy dulce, unas composiciones notables y un gusto exquisito a la hora de plasmarlas. Se acordaron de Zeppelin («Your Time Is Gonna Come») y de Marley («Everything Is Gonna Be All Right») y el público se llevó un monumental cabreo cuando se dio cuenta de que la banda no realizaría bises.

De vuelta en el escenario principal sería turno para uno de los conciertos más inesperados y esperados a la vez, el de los suecos The Hellacopters y su celebración del vigésimo aniversario de «Supershitty to the Max». Qué puedo decir de este disco, uno de mis álbumes preferidos de todos los tiempos, y del sueño hecho realidad que supone para mí el poder haber presenciado algo así en vivo. The Helacopters además no salieron simplemente a cumplir, algo que por otra parte estando Dregen de por medio creo que queda fuera del plano automáticamente. Aunque en la zona delantera el sonido fuera deficiente, lo cierto es que la banda recreó con bastante soltura las canciones del disco -si obviamos el hecho de que el registro vocal de Nicke Andersson es bastante diferente al de entonces-. Y no solo cayeron temas de «Supershitty…», sino que The Hellacopters incluyeron en el set list canciones de su primera época (hasta el split con Gluecifer «Respect the Rock») desperdigadas por singles. Todo un lujo para los que amamos ese disco y supongo que también para los que son más aficionados a la segunda época del grupo.

Tras esto, el estado de ánimo sería inmejorable para afrontar el concierto de Danzig. Antes del concierto tenía mis dudas sobre el estado vocal del tito Glenn. Dudas que lamentablemente se despejaron de la manera más cruel nada más arrancar el concierto: el Danzig de 2016 no es el del año 1993, y aunque conforme fue avanzando el concierto el de New Jersey fue atinando más, algunos se sintieron completamente defraudados. No es mi caso. Glenn Danzig sigue siendo un frontman enorme, con un carisma y una actitud a prueba de balas, y de todo eso derrochó a raudales sobre el escenario vitoriano. La banda que le cubre actualmente las espaldas no es manca precisamente: Tommy Victor, Steve Zing y Johnny Kelly, casi nada. Si además añadimos un set list más que satisfactorio para cualquier fan (a pesar de que tal vez le sobrasen un par de temas, como por ejemplo la versión de Black Sabbath), no hay mucho más que objetar: «Am I Demon», «Her Black Wings», «How the Gods Kill», «Not of This World», «Bringer of Death», «Twist of Cain», «Mother», «She Rides», «Dirty Black Summer» o «Long Way Back From Hell». Sinceramente, no sé qué más quieren algunos.

La jornada del sábado transcurriría con un clima ligeramente más benigno, con lo que el mar de cubasqueros de todo tipo y color del día anterior sería sustituido por los atuendo rockeros. No había excusa tampoco para llegar tarde al recinto, por lo que nuestra jornada arrancaría a la vez que el propio festival con Sumisión City Blues. El quinteto vasco bebe del rock y del rnb más puro, pervirtiendo y ensuciando esa herencia clásica de una manera bastante interesante y con un frontman con actitud.

Los sevillanos The Milkyway Express serían una de las sorpresas del día para servidor, que se arriesgó a acudir a su concierto un poco a ciegas. La decisión se demostraría acertada, ya que disfruté bastante de esa mezcla entre el rock de aire sureño-campestre, la psicodelia setentera y el classic rock. Una banda a tener en cuenta sin duda.

La siguiente banda serían los británicos Raveneye, potente trío que personalmente me recordó a los primeros Soundgarden pero más heavies y con algo más de melodía vocal. La banda salió a comerse las tablas, nada intimidada por estar sobre el primer escenario del festival. Su guitarrista-vocalista se apeó varias veces de él, con y sin guitarra, cabalgó a lomos de su bajista y ofreció bastante pirotecnia en sus solos. Probablemente no sean la banda más original sobre la faz de la tierra, pero al menos en directo merecen la pena.

Radio Birdman subirían al segundo escenario con bastante expectación por parte del ya numeroso público. Su concierto sin embargo fue bastante soso durante su primera parte, con una banda que parecía estar cubriendo el expediente y un sonido intermitente en el que los teclados aparecían y desaparecían. La recta final sin embargo fue de órdago, con una banda que sacó de su letargo a parte del público, sobre todo con esos bises matadores en los que interpretaron un rabioso «TV Eye».

The Scientists tuvieron la mala suerte de que su concierto se solapase con el de sus compatriotas, aunque la alfuencia del tercer escenario era bastante numerosa para cuando llegué casi a la carrera desde el concierto de Radio Birdman. Sonaron bien, aunque como digo no pudiese presenciar su descarga al completo.

Tampoco pude ver demasiado de Imelda May. La irlandesa fue una de las sacrificadas con tanto conflicto de horarios, aunque sí puedo decir que me impactó su nueva imagen con la melena negra suelta. Los que sí la vieron debieron de disfrutar bastante a tenor de cómo fue aclamada cuando dio por finalizado su concierto con la ya clásica «Johnny’s Got a Boom Boom».

Tras la pausa para un necesario avituallamiento que se nos había negado (por aquello de no perdernos nada) la noche anterior, era el turno para uno de los momentos más emotivos del festival. The Who cerraban su actual gira en Gasteiz con un espectacular repaso a sus 50 años de carrera. Todo un ‘grandes éxitos’ en vivo que además contó con una espectacular puesta en escena gracias a una pantalla gigante situada en la parte trasera del escenario. Roger Daltrey y Pete Townshend estuvieron impecables en todo momento, sobre todo teniendo en cuenta la edad que gastan y que en los últimos años han sufrido algún que otro achaque. La banda que les rodea además es muy competente, y como además gozaron de un sonido perfecto no es difícil sacar las cuentas.

Tras esto parecía que Refused lo iban a tener complicado de superar, pero los suecos ofrecieron uno de los mejores conciertos de todo el festival, tanto por entrega, como por repertorio y por sonido. La banda salió a matar desde el primer minuto, especialmente su vocalista Dennis Lyxzén, inconmensurable frontman que está a la altura de cualquier grande que se os ocurra. La actitud rabiosa de una banda que sonó perfecta, potente y enojada, haciendo incluso guiños a Slayer, pasó como una apisonadora por encima del público de Mendizabala. Podrán gustar más o menos, pero pocos están a su altura.

Cerrarían el festival los norteamericanos Supersuckers en su versión country. Lo cierto es que esta cada vez más parece la banda de acompañamiento de Eddie Spaghetti, y tras lo visto en este Azkena cabe preguntarse si el futuro de los Supersuckers pasa por reconvertirse en un grupo de sonido más tradicional. En cualquier caso, tras la edición del interesante «Holdin’ the Bag» lo que tocaba era volver al country, y por ello repasaron este disco y reinterpretaron parte de su cancionero en clave country. Curiosamente se dejaron fuera las mejores composiciones de esta obra y apenas revisitaron «Must’ve Been High». Tal vez la hora no era la más adecuada y Eddie Spaghetti empiece a resultar cansino con todo el tema de los cuernos, finalizar todas las canciones igual y demás pantomimas, pero tampoco fue un mal concierto, aunque tampoco memorable.

La mala noticia es que esta edición 2016 del Azkena Rock Festival ya es historia; la buena es que ya podéis ir haciendo planes, porque la de 2017 ya tiene fechas: tendrá lugar los días 23 y 24 de junio.

Foto: MusicSnapper

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