La Chinga – Zaragoza (La Ley Seca 23-3-16)

La Chinga – Zaragoza (La Ley Seca 23-3-16)
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Ataviados con pantalones de campana de motivo mexicano, camisa con bordados floreados, bandana en el pelo y cables enroscados para conectar sus instrumentos, La Chinga no podrían pasar por una insulsa banda de indie pop aunque quisieran. Y una vez que enchufan sus amplificadores y se lanzan a apabullar nuestros tímpanos durante la hora y veinte minutos que aproximadamente se mantienen sobre el escenario, todavía mucho menos.

Probablemente La Chinga representen precisamente todo lo contrario, reivindicando un tipo de rock pesado y contundente en cuanto a volumen que en lo musical se queda anclado en los años 70, con nombres como Led Zeppelin, Grand Funk o Jimi Hendrix como principales referencias, tomando prestados por momentos riffs de aquí y allá y añadiendo unas gotas de space rock para condimentar el mejunje. No puede decirse por lo tanto que La Chinga sean unos revolucionarios (de hecho en una reciente entrevista para nuestra web se declaraban reaccionarios musicales), pero a día de hoy… ¿cuántas bandas de rock pueden presumir de estar haciendo algo realmente novedoso y que además resulte interesante?

Era esta del miércoles santo la segunda visita del trío canadiense a La Ley Seca zaragozana. Y si en la primera ocasión, cuando solo contaban con su debut en el mercado, ya lograron convencernos y convertirnos a su causa, en esta nueva descarga y ante más público que entonces han demostrado consolidarse como una banda sólida y además con un repertorio propio que ya les permite ofrecer con garantías conciertos de una duración estándar. «Freewheelin'», su nuevo trabajo, continúa la senda iniciada con su debut homónimo y así las canciones de ambos álbumes se suceden en el set list sin chirridos ni altibajos. Los de Vancouver suenan bien, con la base rítmica formada por Carl Spackler (bajo y voces) y la batería de Jason Solyom llenando perfectamente el espacio mientras el habilidoso Ben Yardley ejerce de guitar hero con sus bien construídos solos.

Es evidente que el moverse por esas coordenadas vintage convierte en más que improbable el que alcancen un reconocimiento masivo, sobre todo teniendo en cuenta tal y como está hoy en día la industria musical. Pero puedo dar fe tras sus dos visitas que el hábitat natural para una banda de las características de La Chinga es el directo y que en ese aspecto, amigos, los de Vancouver son unos gigantes.

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