‘Girls’ de Lena Dunham

El recentísimo estreno en los Estados Unidos de la quinta temporada de «Girls», al comienzo de esta misma semana, nos sirve de excusa para hablar de la penúltima serie televisiva de la HBO convertida en éxito mundial (moderado, eso sí). Y es que «Girls» ha conseguido levantar grandes pasiones, pero también rechazos en la misma medida. Yo personalmente la encuentro una de las series de temática «no ficción» (calificativo aplicado aquí con reservas) más interesante de los últimos tiempos.

Entre los partidarios probablemente son mayoría todas aquellas personas que ven en «Girls» una suerte de retrato generacional; personas que además se sienten identificadas con el tipo de vida reflejada: las vacías y hedonistas vivencias de un grupo de jóvenes amigas en una gran ciudad -el Nueva York de hoy en día-. Todo ello en clave de tragicomedia, porque si bien parece que nuestras protagonistas se resisten a afrontar la vida adulta, los problemas que se les plantean son los de cualquiera que ha llegado a cierta edad y empieza a ser independiente. Estamos pues ante una historia urbana en la que las protagonistas, seres verdaderamente disfuncionales, malcriados y egoistas, deben salir adelante tanto ante la vida como frente a sus relaciones. Pero regado todo siempre con toques de humor y erotismo. Mucho erotismo.

De hecho, esto último es el argumento que utilizan muchos de sus detractores, calificando a «Girls» como un simple vehículo para mostrar porno blando y retratar a una generación vacía y hedonista. No sé si esa era la intención de Lena Dunham, creadora, guionista e intérprete principal de la serie, pero lo que sí es cierto es que el sexo se inserta en la trama con toda naturalidad y que recibe un tratamiento casi inédito en la industria del entretenimiento «mainstream» norteamericano. Sin embargo, de ahí a hablar de escenas de «sexo explícito» como he leído en varios lugares hay un abismo; que hoy en día todavía haya quien pueda llegar a sentirse incómodo por ver pechos, traseros o a parejas simulando practicar sexo me parece bastante triste, sinceramente. A mí me parece mucho más importante y reseñable que por fin se nos muestre un personaje femenino que no encaja en los cánones de belleza impuestos por la sociedad de consumo y que no solo no se avergüenza de su cuerpo, sino que lo muestra sin ningún tipo de pudor, resulta altamente atractiva en el plano sexual para el sexo contrario y liga como la que más (si no la que más).

Pero volviendo a la historia, lo que sí parece ser cierto es que se trata de un relato semi-biográfico en el que la autora corría el riesgo de desnudarse demasiado (y aquí utilizo el sentido figurado del verbo). En cualquier caso, el cuadro que nos pintan es el de una generación que se resiste a ser adulta, en la que abundan las neuras y donde el libre albedrío se antepone siempre a la amistad o a la toma de decisiones sensatas. Pero a pesar de cómo pueda sonar, Lena Dunham ha conseguido trenzar unos personajes atractivos, especialmente su alter ego Hannah Horvath, que es la más neurótica, pero también la más brillante, la que da todo el juego y vertebra el grupo de amigas en el que, por otra parte, parece haber sitio para varios estereotipos: la amiga supuestamente responsable y adulta (Marnie Michaels, interpretada por Allison Williams); la descocada, desvergonzada y con tendencia a las adicciones (Jessa Johansson, interpretada por Jemima Kirke -por cierto, hija del batería de Bad Company, Simon Kirke-); y finalmente la chica inocente y pizpireta (Shoshanna Shapiro, interpretada por Zosia Mamet).

Las relaciones de los cuatro personajes principales con el sexo masculino también han dado mucho que hablar (en la relación de Hannah con Adam, que parece iniciarse con un claro sometimiento de la primera, se quieren ver atisbos de violencia de género), pero lo cierto es que, en general, aquí los hombres resultan bastante más antipáticos que las mujeres. Si es algo casual o no es algo que no sabemos.

Lo que sí sabemos es que algo debe de tener «Girls» cuando atrae incluso a público a priori alejado -por edad, por sexo o por ambas cosas a la vez- a las historias que se nos cuentan.

Comentarios

Comentarios