Reunión de Guns N’ Roses… a medias

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Hace unos meses, cuando empezaron a arreciar los rumores, decía yo en otro artículo que una reunión de Guns N’ Roses era «altamente improbable». Los que no lo leyeran en su momento pensarán que soy un bocazas porque finalmente, lo que estaban esperando millones de fans alrededor del globo, se ha cumplido.

Y sin embargo yo tenía razón: sin Izzy Stradlin involucrado, eso no puede considerarse una reunión de la formación clásica. A no ser que por clásica entendamos la formación que giró durante la mayor parte de las giras de los «Illusions». Y ni tan siquiera eso está claro, porque todavía no conocemos el nombre de la persona que ocupará el asiento tras la batería.

Siendo justos, podemos conceder el beneficio de la duda hasta que se desvelen oficialmente los nombres de los músicos que acompañarán a Axl, Slash y Duff, pero algo me dice que si Izzy asoma la cabeza, será como invitado especial en alguna de las fechas que la banda seguramente ofrecerá tras los tres conciertos ya confirmados (el del festival de Coachella y los dos previos de «calentamiento» en Las Vegas).

Pero que nadie me malinterprete. El día que Guns N’ Roses anuncien una nueva gira mundial yo seré uno de esos 50.000 gilipollas que estaré intentando hacerme con una entrada a las 10:00 de la mañana ante la pantalla de un ordenador. Y de hecho creo que este regreso, aunque sea descafeinado, es bueno para el rock, porque puede ayudar a que vuelva a ser popular.

Sí, sé que mucha gente prefiere vivir la experiencia del rock and roll desde una óptica más underground, pero si de cada cien nuevos fans jóvenes que pueda hacer una banda mastodóntica, tan solo uno se interesa por indagar y acaba descubriendo cosas más desconocidas, creo que ya valdrá la pena.

Eso sí, acudir a un estadio para aguantar al típico público tarugo y masificado tan habitual en este tipo de citas, puede resultar una experiencia de lo más desagradable. Uno se pregunta por qué verdaderos fans a veces se quedan en la calle por culpa de la lotería de las conexiones electrónicas, mientras que verdadera chusma sin gusto ni conocimientos mínimos no solo de música, sino de cultura en general, abarrota los recintos.

Pero vuelvo a divagar. La cuestión es que todavía quedan algunos cabos sueltos. Esperemos que los managers no nos la quieran colar y que al menos los músicos que sean convidados de piedra sean gente resolutiva, eficiente y con algo de carisma (empiezo a dudar de que alguien como Gilby Clarke pueda acabar ocupando el puesto de guitarra rítmica; algo me dice que buscarán otra alternativa). Tendremos que esperar hasta saberlo, pero al menos esta vez la espera no será de varios lustros.

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