Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto: Blowfly

Cada vez que muere un artista de rock icónico, sobre todo cuando se trata de un músico que comenzó su carrera como muy tarde en los años 70, los aficionados a este negocio vamos sintiendo cada vez más cercano el momento en el que toda esta historia va a pasar a ser definitivamente irrelevante. En los últimos meses hemos vivido momentos trágicos con las pérdidas de gente como Lemmy Kilmister, el más reciente David Bowie o en menor medida Scott Weiland. Y no quiero ni pensar qué será del mundo (del rock) cuando no esté sobre él gente como Keith Richards, Jimmy Page, Ozzy Osbourne o Paul McCartney. Nos quedará muy poco a lo que agarrarnos.

Probablemente los melómanos tendemos a sobreactuar en estos casos. Y yo no digo que no merezcan el homenaje, pero en esta época de redes sociales y falta de pudor a la hora de airear la vida íntima, tal vez algunas cosas se nos han ido de las manos. Tanto duelo puede llegar a ser contraproducente.

Pero que quede claro, en los últimos meses han fallecido más músicos que no han tenido la misma repercusión que los tres citados. Pero aquí, como en todo, todavía hay clases. A este segundo grupo es al que quedará adscrito casi con toda seguridad Blowfly, aquejado de un cáncer hepático en fase terminal según ha anunciado esta misma semana en Facebook su batería desde hace años Tom Bowker. A no ser claro que a alguna publicación de tendencias le dé por reivindicarlo. De hecho estoy seguro de que ni siquiera muchos de vosotros, los que estáis leyendo estas líneas, tenéis la más mínima idea de quién estoy hablando.

¿Quién es pues Blowfly? Bajo ese pseudónimo se oculta uno de los artistas más bizarros de la historia de la música contemporánea, Clarence Henry Reid, pionero dentro del lirismo más procaz, chabacano y ordinario, razón principal por la cual decidió ocultar en un principio su identidad bajo un atuendo digno de la adaptación televisiva más cutre de algún comic. De hecho, Reid trabajaba desde los años 60 como compositor y productor de gente como Sam & Dave o KC and the Sunshine Band e incluso llegó a editar varios discos «normales» bajo su nombre real. El alter ego de Blowfly llegaría más tarde, dada su afición a recrear algunas de las canciones de moda con letras bastante más cerdas que las originales en fiestas privadas y descansos entre sesiones de grabación. En 1971 sin embargo decidió llevar esta afición un paso más allá, grabando junto a músicos de sesión «The Weird World of Blowfly», debut discográfico que si hoy en día llevaría la etiqueta de letras explícitas antes incluso de ser grabado, imaginad la sensación que provocaría en el cándido oyente norteamericano medio de principios de los 70, algo que en un momento dado le trajo hasta problemas legales. Sería el inicio de una retahíla de discos de impagables portadas hasta casi nuestros días, con altibajos, refritos y actuaciones ocasionales, cuando parece que la vida de Blowfly entra en un período un tanto oscuro, con problemas para mantener la propiedad de su casa a pesar de que muchas de sus canciones han sido objeto de saqueo… quiero decir, han sido sampleadas por artistas negros actuales de renombre. Reid sin embargo no ha visto apenas un duro por todo ello.

Aparte de un documental sobre su figura que se estrenó en el año 2010, uno de los que quisieron rehabilitar la figura de Blowfly fue Jello Biafra, quien a través de Alternative Tentacles ha editado los últimos lanzamientos discográficos de Reid, incluyendo «77 Trombones», último trabajo de Blowfly que verá la luz el próximo febrero según comentaba Tom Bowker en la misma nota a la que hacíamos alusión anteriormente. Aparte de editar un nuevo trabajo poco antes de morir y de sufrir la misma maldita enfermedad, los paralelismos con Bowie me temo que acabarán aquí.

Podéis sin embargo enviar vuestros mensajes de ánimo al propio Clarence al centro de Florida en el que se encuentra ingresado:

Florida Medical Center
ATTN: Patient Clarence Reid Room 355
5000 Oakland Park Boulevard
Lauderdale Lakes, Florida 33313

Edición: Clarence Henry Reid falleció finalmente dos días después de la publicación de este artículo, el domingo 17 de febrero de 2016, a los 76 años de edad.

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