Vintage Trouble + Slydigs – Zaragoza (Oasis 11-12-15)

Decepción. Esa es la primera palabra que me viene a la mente cuando pienso en el concierto que Vintage Trouble ofrecieron el pasado viernes en Zaragoza. Servidor, que posee los discos de los norteamericanos pero que no los había visto en directo todavía, venía completamente influenciado por los halagos leídos desde que se presentaran por primera vez en nuestro país hará un año y medio. Y supongo que mucha gente de la que acudió a la sala Oasis en el pistoletazo de salida del fin de semana también iría con la misma idea en la cabeza. En cualquier caso, no sé si rozaron el sold out, pero para cuando salieron a escena los protagonistas de la velada, la Oasis presentaba un aspecto de casi lleno. Demasiada gente, pensaba yo, para lo que luego demostró ser bastante poca cosa.

Abrían el concierto los británicos Slydigs, que se encontraban ya en el escenario para cuando pudimos acceder a la sala. Un grupo cuyo soft rock tampoco parecía gran cosa en la casi media hora que pude ver; lo más vistoso de su concierto fue la animación que aportaba su roadie, aunque prefiero no extenderme demasiado ya que, como digo, no fui testigo de su actuación al completo.

Media hora después y tras un speech de presentación de la banda saliendo por los altavoces, Vintage Trouble tomaron el escenario de la Oasis ante el delirio de un público que, sí se me permite, era fácilmente impresionable. Partida ganada de antemano pues, a pesar de que el sonido que nos llegaba podía ser calificado de bastante flojo. No sé si ese era el problema, pero hacia el tercer o cuarto tema yo personalmente me di cuenta de que el concierto no me estaba enganchando. Y creo que no fui el único, a pesar de que por la respuesta del respetable pareciese que teníamos a los mismísimos Beatles delante.

Sí, estoy de acuerdo en que Ty Taylor es un gran frontman que sabe manejar al público a su antojo, que tiene una gran voz… pero viéndolo yo me preguntaba dónde estaba el alma y, sobre todo, dónde estaban las canciones. No voy a decir que los miembros de la banda no sean buenos músicos, pero por detalles como la actitud de por ejemplo el bajista Rick Barrio Dill, como entre chulesca y soberbia, daba la impresión de que se estaban tomando el concierto como un mero trámite. Y por mucho que Taylor lo diese todo con sus cabriolas y sus coreografías, que subiese a una chica de color a marcarse un baile con él sobre el escenario, sus bajadas a la pista o que se subiese a la platea o a la barra para arengar a los presentes, para mí no es suficiente. Al final uno se lleva la sensación de que está viendo un pastiche entre el soul clásico, Ike & Tina Turner y una pizca de Creedence Clearwater Revival… pero sin ese «algo» que los haría verdaderamente especiales. Y explotar recursos tan manidos como hacer agacharse al público empiezan a estar demasiado vistos a nada que uno sea asistente habitual a conciertos.

Sé que muchos de los que vayan a leer esta crónica disentirán conmigo. Y entiendo que suele resultar difícil de digerir que, después de pagar una entrada a un precio no demasiado asequible, uno no ha recibido por su dinero todo lo que esperaba; pero a todos aquellos que ya se estén indignando, solo recordarles que durante los medios tiempos -que fueron mayoría, por cierto- era casi más audible el parloteo de la gente que la propia música. Me parece que eso ya de por sí es bastante indicativo de que algo falla. De todas formas, espero sinceramente que solo fuese una mala noche.

Foto: Javier Remacha.

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