‘Cruce de perras y otros relatos de los ochenta’ de Victor Coyote

‘Cruce de perras y otros relatos de los ochenta’ de Victor Coyote
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Cruce de Perras y otros relatos de los 80

Madrid, 2006
217 pgs
Relatos

La chica se levantó de la acera donde estaba sentada y vio a Julián en el suelo, semiinconsciente o semidormido y, desde luego, demasiado borracho para follar. Le entraron ganas de pegarle el último pisotón. Uno como los anteriores, pero en mejor sitio. Se cortó. Se volvió a agachar y buscó la cartera en el cuerpo de la estrella punk. Qeuería dinero para coger un taxi. En la cartera había cuatro mil pelas.

– ¡Qué coño, que se joda!

Encontré este libro de Víctor Coyote por casualidad en los estantes de una gasolinera cuando volvía de un viaje a Portugal, allá por el 2007. El cantante de Los Coyotes cuenta un puñado de anécdotas de los 80 como indica el título, y fueron la temática y las ganas de hurgar en nuestro pasado más reciente las que me llevaron a adquirir el ejemplar, que por otra parte, no era absolutamente caro.

Los que somos fans o aficionados a la música popular, andamos a menudo recolocando tendencias, géneros, bandas del pasado en su tiempo y lugar correspondiente y toda información al respecto es valiosa. «Cruce de Perras y otros relatos de los 80» abarca un periodo que va desde finales de los setenta hasta el 2 de mayo de 2036, fecha en la que se ambienta el último de los relatos, «La patente latina», que muestra a un Víctor Coyote viejo y decadente intentando convencer a Santiago Auserón para hacer un disco homenaje porque está sin un chavo.

El libro tiene el sabor de la época y por lo tanto está impregnado de sexo, drogas y locura, pero sobre todo está contado desde una perspectiva ácida y socarrona y con un estilo que por su inteligente uso del humor y la ironía recuerda al último Scott Fitzgerald, en sus «Historias de Pat Hobby». A pesar de que el tono es vivo y huye del patetismo y la nostalgia, como el pasado deja también una estela de muerte, hay relatos que, como «Poch nunca se equivocó», en el que cuenta la historia del malogrado líder de Derribos Arias, adquieren un tono solemne y dejan marca en el lector.

Por lo demás, el libro en su conjunto es una crónica estupenda de la intrahistoria de esos primeros años ochenta alrededor del Rockola, el Yastá y otros míticos lugares del Madrid de la época en los que un grupo de jóvenes embriagados representantes del punk, el post punk o la nueva ola patria escribían una buena página de la historia sin salir de su propia burbuja y rodeados por la España castiza del postfranquismo. Unas cuantas postales que ilustran la vida moderna española en aquella época y que por boca de Coyote nos permite recrear escenas de puro rock and roll en Madrid, Barcelona o Vigo con la misma autenticidad que fantasearíamos sobre Nueva York, Londres o Seattle.

 

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