The Sonics + Los Bengala – Zaragoza (Las Armas 15-10-15)

The Sonics + Los Bengala – Zaragoza (Las Armas 15-10-15)
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Con un público numerosísimo y entregado desde el primer momento, The Sonics no necesitaron nada más que poner un pie sobre el escenario zaragozano para que se dejase sentir el rugido de la concurrencia. La idea de que la batalla estaba ganada de antemano la confirma el rotundo «sold out» que el pasado jueves consiguieron los padrinos del garage en una abarrotada sala Las Armas. La expectación había sido máxima en la ciudad del Ebro desde días e incluso semanas atrás, con rumores de entradas agotadas corriendo de boca en boca -en estos tiempos tal vez sería más adecuado decir «de teclado en teclado»- ya un tiempo antes y no poca gente a la búsqueda de un ticket huérfano una vez que definitivamente ya fue colgado el cartel de «no hay localidades».

También los hay que decidieron no arriesgarse o simplemente se negaron en redondo a asistir a un evento para el que había tanta demanda popular; seguro que se quedaron con la conciencia bien tranquila y con sus principios intactos, pero debo decir que probablemente tomaron una decisión errónea.

Pero no nos precipitemos, porque antes de que The Sonics tomaran el escenario, a eso de las 21:00 y con bastante público para lo que suele ser habitual con unos teloneros en los conciertos entre semana (a pesar de ser todavía fiestas, el jueves era un día laborable), era el turno de Los Bengala. No nos sorprende, porque en el relativamente escaso tiempo que ha transcurrido desde que debutara, el dúo formado por Guillermo Sinnerman y Borja Téllez ha conseguido un pequeño séquito de seguidores en su patria chica y su nombre suele ser sinónimo de concierto con éxito de respuesta de público. Y aunque tras una media docena de ocasiones en las que hemos cruzado nuestros caminos creo que se ha disipado totalmente el efecto sorpresa y que de su primer concierto hasta ahora han limado algunas asperezas que hacían más salvaje su propuesta, no es menos cierto que la repercusión es totalmente merecida. Si además encadenan para finalizar el concierto sus tres mejores temas, «No hay amor sin dolor», «Jodidamente loco» y «Aaah», está claro que no malgastaron nada de los 35 minutos de los que dispusieron.

Pasando cuatro minutos de las 22:00 horas, los miembros de los Sonics fueron distribuyéndose sobre el escenario mientras el público desde abajo ovacionaba a estos pioneros, sin cuyo concurso la historia de la música habría sido al menos ligeramente diferente. Mucho se ha hablado de esta influencia de The Sonics en algunos de nuestros estilos musicales favoritos, y el público formado por diferentes generaciones y sensibilidades rockeras parecía plenamente consciente de ello y constatarlo de facto.

Es por esto que decíamos que la banda tenía el público en el bolsillo con solo presentarse, pero aunque probablemente hayáis leído por el hiperespacio algunos comentarios extáticos pero poco objetivos, lo cierto es que los de Tacoma se mantienen en una gran forma. Aunque también hay algunas sombras, como para mí el no del todo buen sonido del que gozaron, teniendo que subir el volumen de los instrumentos desde la mesa de sonido según iban cobrando protagonismo en el desarrollo de la canción. De hecho, bajo y una descomunal batería sobresalían claramente sobre el resto, pero esto no pareció importarle a nadie. Qué más dará teniendo en el repertorio canciones como «Cinderella» (con la que arrancaron el concierto) o «Boss Hoss», las relecturas de los clásicos de Richard Berry «Have Love, Will Travel» y «Louie Louie», del «Keep A Knockin'» de Little Richard o de «Dirty Robber» de sus paisanos The Wailers. Temas que fueron alternando en el set list con algunos de su nuevo disco, «This Is the Sonics», que fueron recibidos con menor entusiasmo pero que en directo no desentonan en exceso con su legendario legado.

Así, tras unos 50 minutos de set y tras revolucionar la pista con «Psycho», The Sonics se retiraron triunfal y momentáneamente del escenario. Sin embargo, todos sabíamos que volverían porque quedaban en el tintero al menos dos temas que no podían saltarse. Tras el par de minutos de rigor para dar tiempo a que el público los echase de menos ruidosamente, The Sonics volvieron a ocupar sus puestos para arremeter definitivamente con el tema intruso «I Don’t Need No Doctor» que popularizara Ray Charles, para luego sí, despedirse definitivamente y con la fiesta por todo lo alto con «Strychnine» y «The Witch». Sin ser el concierto del siglo, mereció la pena.

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