King of the North – Zaragoza (La Ley Seca 3-10-15)

La exuberante programación de conciertos zaragozana nos tenía planteados varios dilemas el pasado sábado, porque para el primer fin de semana de octubre coincidían varios eventos interesantes para el público rockero, entre ellos el bolo de Julián Maeso y el del dúo australiano King of the North.

Y a estas alturas del escrito, probablemente algunos lectores se estén preguntanto adónde quiero llegar con esto; pues bien, valga esta somera introducción para comentar que algunos aprovechanos la cercanía de ambas salas para ver precisamente estos dos conciertos (y es que, con buen criterio, los responsables de los dos bolos decidieron además poner las cosas fáciles y sacar a la venta una especie de bono conjunto).

Y aquí es donde yo quería llegar, porque a pesar de salir del concierto de Maeso prácticamente a la carrera, para cuando llegué a La Ley Seca a eso de las 23:30, King of the North ya llevaban alrededor de quince minutos sobre las tablas de la coqueta sala zaragozana. Se imponía un cambio mental rápido (no hay ningún tipo de comparación posible entre una cosa y la otra y el primero, tras ofrecernos un soberbio concierto, nos había dejado con un ánimo muy determinado), algo que nos dispusimos a hacer prácticamente en primera fila, ya que el grueso del público todavía tardaría un poco en llegar.

Así fuimos testigos de un contundente directo en el que la voz cantante la lleva, diría yo, un batería poderosísimo que marca el ritmo de la agitación de nuestros cuellos, más que ese ya célebre pedal que ayuda a que la guitarra suene como tres instrumentos a la vez, bajo incluido. Y no es que quiera restarle méritos a Andrew Higgs, el encargado de la guitarra y las voces, cuyos monolíticos riffs son capaces de despeinar a las primeras filas, pero es que para mí el verdadero secreto de este grupo, al menos en directo, es el batería Danny Leo. Obviamente, ambos músicos se complementan a la perfección (no queda otra tratándose de un dúo), y a los temas de su disco de debut (del que ya hablamos por aquí recientemente), añaden alguna que otra versión muy bien construida como ese «Manic Depression» hendrixiano que, por usar un neologismo, nos voló la cabeza a todos, o el «Immigrant Song» de Led Zeppelin que cerró un set lo suficientemente largo para los pocos que estuvieron allí desde el comienzo (alrededor de la hora y cuarto, aunque en realidad no puedo precisarlo con exactitud), pero que se nos hizo un poco corto para los que no. Esperemos que haya más ocasiones y que en las próximas no nos coincida con más imperdibles.

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