Vlack – ‘There Is No Death’ (BCore 2015)

Vlack – ‘There Is No Death’ (BCore 2015)
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Vlack (así, con V) es el nuevo proyecto de Marc Teichenné de Rippers. Después del único disco de Tesseire, en el que todavía compartía grupo con su hermano, el tristemente desaparecido David Teichenné, es este un proyecto totalmente personal. Marc compone y toca prácticamente todo, salvo las baterías, que han corrido a cargo del ex Moksha Narcís Prat; también encontramos colaboraciones puntuales de Xesca Fort, Fermí Roca -ambos a las voces- y Andreu Nogueira, que aporta trompeta en uno de los temas, el fronterizo-apocalíptico «Into the Wind».

La sombra de su hermano David sin embargo se deja notar en todos y cada uno de los diez temas que componen este «There Is No Death», título que no parece para nada casual dicho sea de paso. Y de hecho, Marc le dedica este contundente debut a su hermano.

El disco impresiona ya desde su misma portada, imagen entre el «realismo mágico» de algunos de los trabajos más cercanos en el tiempo de Storm Thorgerson y el simbolismo que se adivina en ese rayo de sol que nos deslumbra. Pero más impresiona su contenido, diez puñetazos directos a la boca del estómago que te dejan sin respiración.

Estamos ante un disco oscuro e intenso, de esos en los que al que le toca escribir sobre ello le cuesta encuadrar en un estilo o movimiento concreto. No, «There Is No Death» no es un ejercicio de estilo ni un conjunto de ellos; es un álbum que trasciende cualquier etiqueta, y para describirlo parece más adecuado utilizar sensaciones que nombres de géneros, subestilos o modismos.

Siguiendo esa premisa, podemos decir que «There Is No Death» es toda una experiencia sensorial para el oyente. Porque una vez llegas a introducirte en el disco, consigues mimetizarte con la atmósfera primaria de las canciones. Una sensación de asfixia y de angustia parece vertebrar todo el discurso, pero también se nota la urgencia y la rabia de unas composiciones que, sin embargo, parecen querer provocar una catársis y despertar la esperanza.

Son apenas treinta y cuatro minutos de duración, pero cada uno de ellos cargado de una intensidad poco común. A pesar de ello (o tal vez precisamente por ello), resulta prácticamente irresistible pulsar el botón de «play» cuando suena la última nota de «All Decisions Lead to Death». No es que lo recomiende, es que os imploro que os hagáis con él.

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