Hoy en ‘Películas tan raras que apenas existen’: Les Cauchemars Naissent La Nuit (1970)

Director: Jesús Franco.
Guión:  Jesús Franco, a partir de una historia de Stephen G. Horatio.
Fotografía: José Climent y Manuel Merino.
Música: Bruno Nicolai.
(a.k.a. ‘Los Ojos de la Noche’ a.k.a. ‘Sangre en la Noche’)

Intérpretes: Diana Lorys, Paul Muller, Colette Giacobine, Jack Taylor, Soledad Miranda.

Sinopsis: Anna, una bailarina exótica, cae bajo el hipnótico influjo de una misteriosa rubia y empieza a tener extrañas alucinaciones y fantasías sangrientas. Ni siquiera la ayuda de un prestigioso psiquiatra parece tener ningún efecto en ella. Mientras tanto, una pareja de ladrones de joyas se esconden en una mansión cercana a la suya esperando la oportunidad de poder desvalijarla…

Si una película merece el título de «película tan rara que apenas existe», es sin duda el film que nos ocupa hoy. Durante años considerada una de las películas perdidas de Jesús Franco (en su día tan sólo se estrenó, presumiblemente, en un sólo cine de Bélgica), fue redescubierta en 2004 para además pasar a ser vista como una pieza clave en la evolución del cine del tío Jess.

1970 fue un año fundamental en la filmografía de Jesús Franco. No sólo comenzó su gloriosa etapa con la actriz Soledad Miranda (aunque en realidad ella ya había hecho un cameo diez años antes en otra película de Jess Franco, «La Reina del Tabarín»), sino que finiquitó su relación con el productor Harry Alan Towers, algo importante en el desarrollo de su cine, ya que al poder abandonar los encargos del productor pudo centrarse, si tal verbo se puede aplicar a una persona como Jesús Franco, en un tipo de películas que parecen surgir en él dos años antes con «Necronomicon» (1968); un cine que se abandona a toda lógica, con excepción de la lógica de los sueños, un cine que tan sólo parece obedecer a la líbido del director y no a la estructura de las películas convencionales. Al abandonar a Towers, Franco decidió que deseaba rodar pequeños films con total libertad, y para ello recurrió a otra figura esencial en su carrera, al productor francés Daniel Lesoeur, quien ya había colaborado con Franco desde sus inicios. Fue precisamente él quien le propuso reunir capital de un montón de pequeños distribuidores disparatados para poder realizar la película, y así Franco, ni corto ni perezoso acabó reuniendo el dinero de nacionalidades tan dispares como Francia, Alemania, Bélgica… ¡y Liechtenstein!. Esto que en un principio podría parecer una ventaja luego supuso un serio revés para la carrera comercial de la película, ya que al no poder establecerse una nacionalidad clara de la producción, la mayoría de las leyes europeas de exhibición prohibían su estreno comercial. Pero estamos adelantando acontecimientos… Conseguido el dinero, Franco convenció para protagonizarla (y para que se desnudase en ella, cómo no) a Diana Lorys, la espectacular actriz que ya había actuado en la primera película de terror de Franco (y por ende la primera película de terror de la cinematografía española), «Gritos en la Noche». La actriz se tomó su trabajo muy en serio, ofreciendo un recital de alto octanaje erótico, como sólo Franco conseguía sacar de sus actrices, muy similar al que conseguiría después con Soledad Miranda y tantas otras… la película fue rodada casi clandestinamente en Barcelona, antes de «El Conde Drácula» y el título de rodaje fue «Los Ojos de la Noche». Las escenas con Soledad Miranda fueron añadidas después, no fueron rodadas para la película sino que eran secuencias grabadas por Jess para otras películas que no fueron acabadas, justo antes del dramático final de la actriz. La película en sí presenta un argumento muy similar al que ofrecería después en «Vampyros Lesbos2 (y anteriormente en «Miss Muerte», pero no olvidemos que el repetir argumentos es una constante en el cine de Jesús Franco), con una protagonista que se dedica a ofrecer sexy shows, como decían en la época, en sofisticados y enigmáticos clubes que harían las delicias de David Lynch, y que se ve sometida a la influencia de una misteriosa mujer con la que inicia una relación lésbica que sólo puede acabar en un baño de sangre. Así a grosso modo.

La película no tuvo apenas distribución. Que se sepa tan sólo se estrenó en un cine de Bélgica, y dada la cantidad de versiones que se hacían de estas coproducciones nunca sabremos si la copia que se exhibió es la misma de la que disfrutamos hoy en día. La razón del por qué se estrenó ahí es sencilla: porque en Bélgica se estrenaba todo, absolutamente todo. Al tener tan poca cuota de pantalla las compañías dejaban unos precios ridículos para la distribución en el país de cualquier película, así que los belgas disfrutaban de estrenos casi a diario, convirtiéndose en el país europeo que más cine extranjero veía, incluido el de Jess Franco.

Una copia perfecta de la película estaba en poder del productor francés Robert de Nesle, pero al no poder conseguir el certificado de origen de la película su compañía no podía editarla, y cuando ésta quebró la copia pasó a la Cinémathèque Française, la cual organizó una completísima retrospectiva de la figura de Jess Franco y se exhibió ahí por primera vez desde su estreno en Bélgica. Esto despertó de nuevo el interés del avispado Daniel Lasoeur, que consiguió encontrar a quién pertenecían los derechos del film y los compró, pudiendo ser editada a partir del 2004. Curiosamente la película fue tuvo una más que correcta edición en nuestro país y en ese momento, en la estupenda y rara colección que sacó SRS dedicada a Jess Franco y a Jean Rollin, con el título de «Sangre en la Noche». Además la película disfruta de una reciente edición en bluray por parte de la inglesa Redemption sencillamente espectacular, remasterizada, con extras y comentarios de historiadores, en una nueva muestra de que se toman más en serio nuestro cine allende nuestras fronteras que en nuestro propio país.

En definitiva se trata de una película que tiene más valor por cuanto supone de rareza encontrada que por sus valores fílmicos propios, aunque aquí encontramos ya varias de las constantes que se repetirán a partir de ahora en la filmografía de Franco, entre ellas la extrema lentitud en el desarrollo de la acción, cercana al ensimismamiento que muchos espectadores no consiguen superar pero que sin embargo a quien escribe estas líneas fascina. Sin embargo comprendo que el escaso esfuerzo puesto en la película, tanto argumental como narrativo como de recursos de todo tipo hagan que historiadores como el gran Carlos Aguilar vean aquí una primera señal de alarma en el cine de Franco, que hizo que perdiera el respeto de un público que se había ganado merecidamente la década anterior.

A mí posiblemente ésta sea la etapa del cineasta que más me interesa, y es una película muy representativa del cambio que se estaba gestando en él y espero que alguien más comparta mi entusiasmo. Estoy seguro que sí.

 


Diana Lorys antes de empezar el show

 


Soledad Miranda empinando el codo

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