‘Pussy Riot: una plegaria punk’ (2013)

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Dirección: Mike Lerner, Maxim Pozdorovkin.
Fotografía: Ruben Impens.
Música: Antony Butts, Pussy Riot.
Duración: 90 minutos.
Título original: Pussy Riot – A Punk Prayer

La historia de Pussy Riot es, lamentablemente, de sobras conocida: colectivo artístico-musical femenino de protesta que, con la actuación en una catedral ortodoxa como performance cumbre, consigue tocar las narices del irascible sistema instaurado en la Rusia post-soviética de Vladimir Putin. Una historia que tiene todo el aspecto de haber sido documentada según iba ocurriendo, como si el propósito inicial hubiera sido contar las correrías de este grupo de chiquillas llamado Pussy Riot y, precipitados los acontecimientos, se acabara convirtiendo en el relato de un irregular proceso judicial que escandalizó a Occidente.

De ahí tal vez que este documental parezca más un reportaje de actualidad de larga duración, aunque ello no le reste para nada su valor como testimonio de un régimen en el que este de Pussy Riot no es más que uno entre muchos de los asuntos que preocupan fuera de las fronteras de Rusia, a saber: la persecución de la homosexualidad, fuertemente ligada al crecimiento de los movimientos neofascistas violentos, la desaparación en extrañas circunstancias de miembros de la oposición o periodistas críticos con las tesis oficiales, el auge de las mafias o la perpetuación en el poder de un oscuro personaje cuyo pasado todos conocemos.

No debemos pasar por alto sin embargo que, al tratarse de una coproducción con el Reino Unido, lo que se nos cuenta en «Pussy Riot: una plegaria punk» puede tener cierto sesgo ideológico en favor de los valores que dicen representar las democracias occidentales. Debemos tener bien claro que existe mucha desinformación sobre todos estos asuntos, distribuida interesadamente, y aunque en este caso debemos posicionarnos sin fisuras del lado de Pussy Riot, creo que no contamos con los datos suficientes para valorar con garantías otros.

Ciñéndonos al valor de documento musical, hay que decir sin embargo que «Pussy Riot: una plegaria punk» es un relato más que necesario hoy en día, cuando parece que la movilización contra las injusticias es casi un delito y es tildada de «radicalismo» por las clases todavía dominantes, con las connotaciones negativas asociadas al término; no veo que surjan movimientos análogos, aunque sea a pequeña escala, en este adormilado Occidente del que formamos parte. Tal vez sea que han llegado a convencernos de que ahora sí tenemos algo que perder. Malditos.

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