Yo estuve allí (por desgracia)

Existe una frase que dice algo así como que a veces es mejor no conocer a tus ídolos, porque te puedes llevar sorpresas desagradables. En el mundo de la música, en ocasiones es mejor no ver a según qué bandas en vivo, porque pueden o bien arruinar el recuerdo que tenías de ellos o, si nunca antes las habías visto, dejarte uno muy triste.

Hace poco, en una conversación en el exterior de una sala, en uno de esos corrillos que se forman entre banda y banda cuando la gente sale a fumar, escuché a alguien decir que él pasaba de «viejas glorias» y que no pensaba ir a ver a cierta banda, incluso tocando gratis. En el momento me pareció algo exagerado, porque todos alguna vez hemos visto a alguna banda veterana que se mantiene admirablemente, aunque también nos hemos llevado algún que otro chasco.

Yo normalmente no suelo llevar muchas expectativas en estos casos; con ello consigo llegar a disfrutar del karaoke en el que se convierten estas ocasiones, divertirme incluso, y me voy a casa sin la sensación de haber sido estafado, haber tirado mi dinero o haber perdido hora y media de mi vida.

Pero a veces ni por esas. Me vienen a la cabeza varias de esas ocasiones en las que he querido teletransportarme a otro sitio, como cuando se me ocurrió que sería buena idea ir a ver a Paul Di’Anno y se pasó todo el concierto tosiendo y diciendo aquello tan cinematográfico de «too old for this shit»; o sin ir más lejos la de este viernes pasado, con unos Flamin’ Groovies torpes e incapaces de seguir siquiera la más mínima coordinación. Y como a perro flaco todo son pulgas, el «sabotaje» que recibieron desde la mesa de sonido: en mi vida he asistido a un concierto con semejante cantidad de acoples, entre otras cosas. Incluso Chris Wilson abandonó el escenario a la tercera o cuarta canción quejándose de los monitores, con toda la banda retirándose tras él. La cosa fue tan esperpéntica que hay quien opina incluso que tuvo que ser aposta (con Buzzcocks, que venían después, la cosa a nivel de sonido no es que mejorara mucho).

En cualquier caso, este concierto pasará a los anales y dentro de algún tiempo los que allí estuvimos y soportamos todo el concierto -mucha gente se salió de la sala incapaz de aguantarlo- podremos decir orgullosamente aquello de «¡yo estuve allí!».

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