Lydia Loveless – Zaragoza (La Ley Seca 20-5-15)

Tirando de memoria, la primera vez que escuché el nombre de Lydia Loveless fue a comienzos del año 2012, cuando se anunció su primera gira por nuestro país para hace ahora exactamente tres años. Contando entonces con tan solo 21 años de edad, la de Ohio ya era considerada como una de las más firmes promesas de la música americana de raíces. Ese dato y que una de sus fechas estuviera prevista en mi ciudad, hizo que se despertara mi curiosidad. Lamentablemente, como algunos recordaréis, poco después aquella gira fue cancelada completamente, dejándonos a muchos con las ganas. Y aunque finalmente visitaría nuestro país año y pico después, en aquel segundo intento no pudo ser por mi parte.

Afortunadamente, este pasado miércoles por la noche pude, por fin, asistir a su primer concierto en Zaragoza, el segundo de esta gira que le habrá llevado para cuando leáis estas líneas a Barcelona el martes y a Madrid ayer jueves, y que le conducirá a Ourense hoy viernes y a Donostia mañana sábado.

Lo primero que sorprende de la Loveless es la madurez que demuestra sobre el escenario, ejerciendo de faro y guía de una banda que se ve perfectamente compenetrada tras haber estado girando prácticamente sin descanso durante los últimos años. Ejerce Lydia este liderazgo, sin embargo, de manera discreta, permitiendo que el resto de músicos se expresen libremente y sin erigirse en protagonista absoluta del concierto, aunque es obvio que su voz y su presencia son uno de los mayores imanes del conjunto. En ese sentido, el cuarteto que la respalda (a los habituales guitarra, bajo y batería hay que sumar otro músico adicional a la pedal steel o a la segunda guitarra, según el tema), sabe desbocarse cuando la canción lo provoca (algo de lo que daría buena cuenta el teléfono móvil de Todd May, que salió por los aires en uno de los arrebatos hardcorianos del guitarrista).

Así, la banda suena mucho más contundente y menos country que en su versión discográfica, con momentos de verdadero desquicio ruidista. Pero no hay queja cuando suenan temas gran parte de los temas de esa gran obra que es «Somewhere Else», aunque tampoco se olvidan de rescatar otros anteriores como «Steve Earle» o «Mile High». La menuda cantante incluso se atrevería a cantar en solitario otros cuatro temas al final del concierto, incluyendo uno que aseguraba haber compuesto después que la noche anterior en Barcelona un fan le agarrase de salva sea la parte.

Al final, alrededor de hora y cuarenta minutos de intensa experiencia musical que se me antoja ya imprescindible.

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