Finntroll + Hateshere + Profane Omen – Bilbao (Kafe Antzoki 22-3-15)

Pobremente transitada se quedaría la cueva de los trolls fineses, el anteúltimo domingo de marzo. El mismo día en el que Barça y Madrid disputaban su tradicional partido del siglo, los folk metaleros nos empujarían al desmelene, sin preocuparse demasiado por cuantos fuéramos los que allí  parábamos. Bendita lección de profesionalidad, por tanto, la que recibiríamos por parte de los creadores del «Trollhammereen».

La verbena comenzaría temprana, con un grupete de colegas llamado Profane Omen, dando el pistoletazo de salida. Serían abrumadoramente simpáticos, repartiendo sonrisas al tiempo que agitaban salvajemente como si no hubiera un mañana. En lo musical se moverían alegremente por el Thrash Metal centroeuropeo y el Power Metal Americano, sin que lograsen sonar empastados en ningún momento de su comparecencia. Derrocharían buen rollo, pero nos resultarían aburridos de presenciar, por lo poco que ofertaban, lo embarullados que sonaban y por lo planas que resultaban sus ideas.

A continuación llegarían hasta el Antzoki unos viejos conocidos de los sonidos cañeros. Los alemanes Hatesphere, quienes llevan más de una década con desigual fortuna, haciendo de teloneros en giras de diverso pelaje. Su participación por desgracia, sería tan testimonial como lo ha sido la mayor parte de su carrera, sin grandes momentos que levantasen a la concurrencia, ni himnos definitivos con los que ser recordados. Mostrarían la solidez que les confieren sus años de carretera, pero no serían más que un preámbulo hasta lo que todos habíamos ido a buscar.

Después del desangelado concurso que ofertaron los germanos, saltarían finalmente los trolls sobre las tablas del Antzoki, lo harían con un retraso de media hora sobre el horario previsto y con la sombría intro del «Nattfodd», aportando ambientación tenebrista al festejo. Comenzaría de esta manera, la interpretación íntegra del trabajo capital de la banda. Uno de los pilares absolutos del Folk Metal se nos mostraría entonces, con la misma frescura con la que fue creado hace diez años, y  la misma inmediatez que requerían los espectadores.
Desde «Manniskopesten» hasta «Grottans Barn», nueve pedazos de historia nos aguardaban uno detrás de otro, perfectamente engarzados para que los recesos fuesen los mínimos posibles entre corte y corte, y con el «Trollhammaren» brillando en el centro mismo. Serviría el mencionado clásico, para que las primeras filas comenzaran un mosh pit inevitable, así como para que los tiempos se revolucionasen un poquillo, Un poquillo tan solo, por desgracia.

La triste entrada con que contaba el recinto, impediría que el bolo fuese a remontar hasta donde los músicos merecían. Se emplearían con presteza, sin embargo, bailoteando y haciendo bailotear a todo el que por allí pasaba, pero el tono general nunca dejaría de recordarnos, que aquello continuaba siendo un domingo.

Remarcable sería uno de los momentos más simpáticos del primer tramo, con un jovencito yankee que andaba en primera fila cantando cada corte a voz en grito. Vreth, ni corto ni perezoso, le subiría hasta el escenario para que pronunciase un par de frases en sueco, demostrando un fanatismo de matrícula y una innegable facilidad  para los idiomas extranjeros.

La fiesta proseguiría con la banda metida en harina, al tiempo que el cantante se despojaba de su chaqueta, y pecho al aire remataba el disco que habían venido a conmemorar. Ahí llegaría la segunda parte del espectáculo, en la que el más reciente «Blodsvept» sería presentado y los grandes cortes de otros trabajos tendrían oportunidad de ser canturreados.

Apreciaríamos a estas alturas como el guitarra Skrymer andaba más parado que de costumbre, sin duda por haberse pasado el día entero en un hospital cercano, a causa de un amago de apendicitis. Este hecho estuvo a punto de poner el riesgo el bolo que aquí se relata, aunque finalmente pudo llegar a salvarse la fecha bilbaína.

Volviendo a los momentos finales del concierto, mencionar como la banda se lo llevaría crudo con los coros de «Solsagan», recordarían su primer trabajo con «Svartberg» y zanjarían el tramo principal con el pegadizo «Jaktens Tid». Regresarían al de un rato para que la fiesta terminase pareciendo mayúscula, gracias en parte a la invasión del escenario en pelotas, de uno de los guitarras de Profane Omen. Muy jefe el colega, asomando el cimbrel mientras sonaba uno de los cortes del nuevo trabajo.

La jarana bien montada, terminaría en petit comité, con los que nos habíamos quedado ante los trolls fineses, y no andábamos preocupados por el último metro que hacía un rato había partido, entretenidos viendo como los Profane Omen -vestidos esta vez- acompañaban a la banda en su última «Under Bergets Rot». Así estallaría la definitiva traca que restaba por arder, en medio de una verbena que podía haber llegado a ser épica, pero que  termino mermada por la pobre asistencia.

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