‘Nocilla Experience’ de Agustín Fernández Mallo

España, 2007
202 pgs.
Novela postpoética

Finales de septiembre, Ernesto (…) se sienta a dar los últimos retoques a uno de sus 2 proyectos más golosos, la Torre para Suicidas. Esta construcción parte de la idea de que los miles de suicidios que al año se consuman en la ciudad de Nueva York, así como las tentativas frustradas, resultan demasiado dramáticos y engorrosos debido a no disponer la urbe de unas instalaciones adecuadas y debidamente organizadas. Así, lo dejan todo hecho un asco; sangre en las aceras, ahorcados a los que se les rompe la cuerda y hay que reanimarlos, cuerpos mutilados al paso de los trenes, y todo con el consiguiente perjuicio psicológico para las verdaderas víctimas, los que se quedan, obligados a contemplar semejantes espectáculos.

Hablamos de un título cercano, tanto en el tiempo como en el espacio. Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) escribió Nocilla Experience en el invierno de 2004 a 2005 en Palma de Mallorca. Se trata del segundo volumen de una trilogía titulada Proyecto Nocilla», una novela rica y muy compleja que en solo doscientas páginas nos deja una intensa sensación agridulce, dada la catarata de personajes e historias que desfilan ante el lector para componer pieza a pieza un auténtico mapa del mundo, en cierto modo post-apocalíptico, de los albores del tercer milenio.

Desde el comienzo de la novela asistimos a una realidad fragmentada, con distintos personajes, casi anónimos, que se mueven por distintos lugares:Madrid, Nueva York, Londres, Basora… Mallo atrapa nuestra atención creando una primera intriga, la de saber si todos esos fragmentos llegarán a un punto común. Los capítulos, breves, se suceden a gran velocidad; algunos ocupan apenas un párrafo, otros, un par de páginas. Historias ficticias que nos suenan excesivamente reales, vistas desde la óptica casi científica de un narrador metódico e inquietante que apenas se inmiscuye en los hechos narrados y toma la distancia necesaria para, a menudo, dejarlos en evidencia y sacarnos una irónica sonrisa.

De hecho, estas historias ficticias se articulan sobre una serie de hechos históricos que conocemos demasiado, por haberlos vivido tan sólo unos años atrás: la guerra de Irak y las armas de destrucción masiva, el desastre del Prestige, el incendio de la Torre Windsor… todo es un decorado post-apocalíptico sobre el que deambulan numerosos ciudadanos de la aldea global: en el hospital de Ulan Erge, Mihály se prepara para asistir al quirófano donde un niño con una cápsula de Yodo 125 radioactivo espera ser operado; unos niños viajan por un oleoducto soviético abandonado para cruzar la frontera; un estudiante de arquitectura decide abandonar la carrera para trabajar en una grúa en Manhattan y por las noches diseña su Torre para Suicidas, unas instalaciones adecuadas y debidamente organizadas de las que la ciudad carece…

Todas estas historias van mezcladas con una serie de interpolaciones, recortes de revistas musicales, científicas, artísticas, referencias cinematográficas, etc, que hacen de la novela un auténtico collage.

Por momentos, el relato es hilarante, pero tras esa mirada ácida queda también un poso de preocupación y puede que compasión hacia una sociedad en descomposición.

En consecuencia, una novela genial porque logra algo que la mayoría ni siquiera busca, hacer pensar al lector. Mallo no da soluciones. Sino que, como un doctor de carácter encallecido, nos presenta una radiografía del mundo enfermizo de nuestro tiempo, esperando que nosotros mismos comprendamos.

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