‘A tiro limpio’ de Boris Vian

Título original: Trouble dans les andains
Francia, 1943
114 pgs.
Novela negra, humor

Ronroneó quedamente el motor del Cadillac blanco. Antioquío encendió y apagó los faros tres veces. Rojearon las células fotoeléctricas que activaban la abertura en la trampilla y el vehículo superó la rampa de salida en menos que tarda un pájaro en reproducirse. La trampilla se cerró con un zumbido sordo y haciendo estremecerse ligeramente la cabeza de los cólquicos. Con el mismo método abrió Antioquío el cancel y, haciendo rechinar los cinco neumáticos -pues llevaba uno de repuesto-, salió disparado hacia la carretera.

Boris Vian (Ville-d’Avray, 1920 – París, 1959) lo fue todo en menos de 40 años de vida. El autor de «La espuma de los días» y «El Lobo-Hombre» fue músico y crítico de jazz, periodista, novelista, poeta, dramaturgo, ingeniero, traductor… Amigo de Sartre y Camus, quienes le invitaron a escribir en «Les Temps Modernes» y el periódico «Combat», respectivamente, también conoció a los grandes del jazz Duke Ellington, Miles Davis y Charlie Parker. Murió de un ataque al corazón mientras veía infiltrado el estreno de la película «Escupiré sobre vuestras tumbas», basada en su propia novela, pero de la cual fue apartado por la productora, tras una serie de peleas a propósito del guión.

«A tiro limpio» fue su ópera prima. Escrita en plena guerra mundial, no hay, sin embargo, mucho rastro de ella esta novela. Se trata de una ficción policíaca cuyas ingentes dosis de humor la envuelven por completo. Boris Vian comienza retratando con burla e ironía la alta sociedad parisina en una auténtica orgía de lenguaje para lucimiento de su propia locuacidad, lo que hace que las primeras páginas del libro sean al mismo tiempo deslumbrantes, llenas de ingenio y ritmo, y, por otro lado, la historia aparezca, al fondo, casi como una mera excusa para exhibir las dotes literarias del autor, que por entonces era un chico de 23 años.

A medida que llegamos al nudo, la acción se va complicando y aparecen una serie de personajes nuevos -son tipos planos, con poca profundidad psicológica- que conducen al lector a lugares y escenas pintorescas, en un viaje que va de París a Bayona en busca de un objeto robado: el barbarón bífido. A partir de ahí, aunque sin dejar nunca de lado un lenguaje recargado y humorístico (siguiendo la línea francesa de Apollinaire o Céline), la novela se vuelve digna de una película al estilo Bond, con aviones, descapotables de último modelo, asesinatos… y todo rodeado de mucho glamour.

El final deja la historia muy bien resuelta y un sabor de boca más que agradable tras descubrir los primeros pasos literarios de un artista genial.

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