The Black Dahlia Murder – Estocolmo (Sala Nalen 16-11-14)

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Parece que fue ayer, pero han pasado ya casi seis años desde que el coleguita Gabriel, sueco de origen peruano, aceptó salvar la situación a los death metaleros The Black Dahlia Murder y los colocó en el Kafé 44, mítico local capitalino que viene a ser, para entendernos, un gaztetxe a la sueca. Desde entonces he tenido varias oportunidades de disfrutar en vivo del quinteto de Michigan, y lo cierto es que, aunque no me haya molestado en repasar su discografía, sus descargas no tienen desperdicio.

Pese a que la penúltima vez, hace poco más de un año, dejaran en un gran sabor de boca en una sala acorde a su valía, nuevamente se vieron relegados a un garito menor, eso sí, al menos más céntrico que el previsto inicialmente. Así las cosas, podría esperarse una banda desmotivada ante un público que les vuelve la espalda, sin motivo aparente aparte de la saturación de giras que tiene lugar cuando tantos grupos ya no pueden vivir sin estar permanentemente en la carretera. Vimos cómo, en los primeros minutos, al combo le costó entrar en calor, en especial al guitarrista Brian Eschbach. No obstante, conforme avanzaban en su repertorio, los de Waterford, desprovistos de ínfulas y soberbia, optaron por sacar partido a la situación de la mejor manera posible. En concreto, su vocalista Trevor Strnad, un tipo de lo más entrañable, se esmeró para ganarse al público, y vaya si lo hizo: sea a base de arengas metaleras marca de la casa, de su afán por hacer que el gentío (como unas cien personas) aportase algún chillido que otro, o de su activa participación en el circle pit (pateo circular), el voceras se metió a la concurrencia en el bolsillo y de paso, demostró que, llueve o granice, The Black Dahlia Murder es una banda profesional como pocas. Vale, en ocasiones resultan un tanto infantiles (la insistencia del guitarra solista Ryan Knight en demostrar su pericia con el sueco: «¡mamarse!», repetía), pero su buen hacer musical, y ante todo esa actitud desenfadada y nada pretenciosa, siempre bastarán para que puedan contar con nuestra presencia. En festivales consolidados o en tugurios de tres al cuarto.

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