Vixen – Bilbao (Santana 27, 26-9-14)

4/5 - (35 votos)

Con el revuelo de las grandes citas llegaban Vixen hasta Bilbao. Lo hacían por primera vez en su historia y después de la polémica sembrada, a cuenta del baile de precios que se ha venido produciendo alrededor de las entradas. No sería en cualquier caso, un asunto que fuese a empañar la descarga que tenían concertada las americanas. Lo suyo acabaría funcionando gracias al oficio que manejan las creadoras del «Rev It Up», ante menos gente de la que hubiésemos imaginado en principio, pero sin apenas motivos como para pedir el libro de reclamaciones.

Con el corte que daba nombre al trabajo mencionado, el «Rev It Up» del noventa, pudimos presentarnos ante Janet Gardner y compañía después de tantos años. Se nos mostrarían comedidas en el arranque, adoptando posturas de videoclip y devolviendo con sonrisas las buenas sensaciones que recibían desde el otro lado de la barrera. Tardarían un corte tan solo, en esgrimir uno de sus cortes más emblemáticos, un «How Much Love» en el que el sonido me resultó excesivamente bajo.

El público iría calentándose de buenas a primeras, ya que sin haber tenido a unos teloneros para caldear la Santana, los primeros momentos resultarían un poquito forzados, como si hubiesen pretendido meternos alguno de los clásicos con calzador. Este irregular comienzo no haría más que compensarse a medida que fuese trascurriendo la noche. Sin prisa pero sin pausa, las Vixen se irían haciendo con el recinto, de forma similar a como a buen seguro acostumbraban a hacer veinte años atrás.

Imaginábamos entonces, al tiempo que disfrutábamos con pelotazos como «Cruisin» o «Bad Reputation», la cantidad de trabas que sortearían estas mujeres en su día, para llegar a ser valoradas en un mundo tan machista como el del Hard ochentero americano. Teniéndolas delante y viendo la entereza con la que defendían sus temas en pleno 2014, era sencillo imaginar cómo pudieron conseguirlo hace un par de décadas. Cierto es que por aquel entonces también contaban con la inestimable presencia de Jan Kuehnemund liderando la nave, un puesto que hoy lo llena lo mejor que sabe la aguerrida Gina Stille.

Ella sería la gran incógnita que sobrevolaría la actuación de las de Minnesota, aunque enseguida dejaría claro que su destreza con las seis cuerdas, podría rivalizar con la de cualquier hacha del gremio. Su toque se reveló netamente metalico y explosivo, aportando feeling donde se requería y chicha cuando hacía falta. No desentonaría tampoco cuando llegasen himnos mayores como «Cryin» o «I Want You to Rock Me», poniendo un punto de intensidad extra a sus compañeras de sarao.

En un suspiro terminaríamos con la primera parte de la actuación, señal inequívoca de que no lo estábamos pasando mal y de lo fácil que entraban los cortes amigables de las Vixen. Destacaríamos hasta ese punto los ritmos vivos de «Streets in Paradise», sin que Janet hubiese llegado a clavar todos los pasos que la tocaban cantar, aunque mantuviese un nivel aceptable en líneas generales. La garganta por desgracia, suele ser el punto débil en las formaciones veteranas.

Es por esto precisamente, por lo que prepararon un descanso para su vocalista justo en medio del concierto. Unos minutos que serían presentados con fragmentos de temas legendarios -entre los que se incluiría, para nuestra sorpresa, el maravilloso «Up All Night» de Slaughter-, para terminar interpretando el «Rockin in a Free World» de Neil Young, por boca de la bajista, Share. Sería un interesante receso, entretenido y fenomenal para descubrir las poderosas aptitudes vocales con que cuenta la encargada de las cuatro cuerdas en Vixen.

Comentarios

Comentarios