‘La era Rock (1953-2003)’ de Jordi Sierra i Fabra

Ambicioso proyecto editorial fue el que se propuso el conocido Jordi Sierra i Fabra hace ya más de una década. Proyecto del que acabó saliendo airoso, a pesar de algunos reparos que podemos poner a «La era Rock (1953-2003)», la obra que hemos decidido rescatar en esta ocasión.

El libro se concibió como un repaso general al fenómeno de toda la música popular de la segunda mitad del siglo pasado. Y quiero recalcar lo de «toda», porque aquí el término Rock se utiliza como un genérico que aglutina todo tipo de etiquetas y tendencias, incluyendo el pop más mainstream. Tal vez ahí resida una de los primeras objeciones que se le puede hacer a la obra; y no porque se entienda rock en un sentido amplio, algo más que acertado según yo mismo lo veo, sino porque apenas se presta atención al llamado underground o a las corrientes no mayoritarias. Claro, que en ese caso tal vez habrían sido necesarios varios volúmenes y el objetivo probablemente era conseguir un producto «vendible», una obra para todos los públicos lo suficientemente accesible a personas no especializadas. No obstante, los juicios de valor emitidos contra según qué grupos, que en ocasiones suenan más a fobias personales que a opiniones con un mínimo de objetividad, le restan un poco de credibilidad a ese argumento: no es de recibo que si se trata de hacer una historia de la música popular, se lancen comentarios despectivos contra por ejemplo KISS, mientras que las alusiones a las boy bands de los 90 sean totalmente insípidas y asépticas.

Tampoco tienen mucho sentido algunos pasajes en los que el autor se limita a citar nombres de artistas y títulos de discos y canciones, sobre todo teniendo en cuenta que en ocasiones parecen elegidos al tuntún sin atender a su representatividad o a su verdadera importancia dentro de la discografía respectiva. Igualmente resulta bastante poco clara la exposición sobre la música electrónica, donde uno se pierde -y reconozco que probablemente por el propio batiburrillo existente de denominaciones y derivaciones y no por desatino del autor- entre una maraña de estilos y subestilos difícilmente abarcable. Afortunadamente es también la parte más prescindible del libro.

Es obvio que es imposible abarcar con garantías todo tipo de estilos y corrientes, y por eso creo también que hay que perdonar este tipo de problemas y algunos errores puntuales detectados. Resulta asimismo curioso leer la parte final de la obra, la referente al futuro de la música diez años después; realmente poco ha cambiado de la situación que había entonces: la industria sigue igual de muribunda y no parece vislumbrarse ningún tipo de solución. Pero en conjunto podemos hablar de un libro que podría ser utilizado como un manual en caso de que se decidiera abordar en nuestras aulas la enseñanza de la, probablemente, mayor manifestación cultural popular de toda la Historia.

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