Yakuzas + Familia Caamagno – Madrid (Siroco 25-4-14)

Quien decidiera el Viernes noche pasado emplear 10 euros en pasarse por la madrileña sala Siroco a presenciar la descarga de Familia Caamagno y Yakuzas, y de paso recibir nada más entrar un cedé con el nuevo E.P. de estos últimos, debería entrar en el local con buenas expectativas. Lo que nadie se esperaba, es la que al final se iba a liar…

Al filo de las 20:10 horas suben al coqueto escenario de Siroco los gallegos Familia Caamagno, quinteto de Sigüeiro con cantante-saxofonista y ataviados con trajes al estilo clásico. Exhibiendo un sonido y unas tablas sorprendentes para la corta vida de la banda, ofrecieron un show de rhythm and blues, beat y garage de corte tan clásico como sus trajes.

A base de una actitud infecciosamente divertida, un gran batería que propulsaba el groove y un frontman que guiaba con maestría a la parroquia, nos despacharon un bolo refrescante, de una factura y potencia impecable. No hubiera sido posible sin la aportación de dos buenos guitarristas, y un sólido bajista.

Con un set de canciones sabiamente secuenciado y trufado con covers de The Standells y The Coasters y un gran gusto a la hora de emplear coros, llevaron a la audiencia en volandas hasta su último número, con tal buen rollo, que el cantante sentó al público en suelo, para levantarlo en el final de una canción. Esa fue la primera nota de performance de la noche…

Gran bolo de una banda que sonó de fábula, gracias al profesional staff y las instalaciones de Siroco, reformadas hace pocos años. Cosa que se hecha en falta en otras salas de Madrid.

Cuando llegó el turno de Yakuzas, la sala estaba llena hasta la escalera. Lo que yo presencié allí delante, fue simplemente el segundo advenimiento del Rock And Roll a Madrid. Rock and Roll sin ninguna intención de rebajar ni aditivar, más bien de envenenar y vacilar al personal, como a finales de los ‘ 70 hacían Dead Boys en Nueva York, Burning en Madrid, La Banda Trapera del Río en Cornellà, y otros grupos de Rock Radical Vasco en los 80.

Si un buen frontman es fundamental en una banda de R ‘n’ R, David parecía tenerlo aprendido; nos divirtió con su chulería simpática y golfa, al más puro estilo «cheli», su look era un cruce entre un miembro de Blue Öyster Cult y «Perros Callejeros».

De nuevo propulsados y además apisonados por un batería sobrehumano, con un sonido y clase que ya querrían muchas bandas extranjeras, de esas que muchos veneramos, Yakuzas nos dejaron clarito que «el Rock no está muerto, estaba de parranda».

Letras golfas, sonido High Energy y una actitud propia de este estilo clásico, con recuerdo en el set a Iggy Pop; Yakuzas nos vacilan con su rollo, y de paso nos vapulean con un directo incendiario de alto riesgo, que hizo huir del recinto a alguna cándida muchacha.

Sonido alto pero convenientemente ecualizado; guitarra, bajo, batería, y un cantante-guitarrista-agitador de masas, completan la fórmula de estos perlitas, que disfrutaron, y nos hicieron disfrutar en una sala llena hasta la bandera.

Gran noche de baterías de Rock, con dos bandas cada uno en su estilo, pero que maridaron gustosamente. Pero la última performance llegaría ahora…

cuando la banda ventiló su lista de canciones, David espetó: «esto no ha terminado», entró en el backstage, y volvió a salir a los pocos segundos armado de tubos de confetti y sentenció: «como no me dejan echar confetti dentro, me voy fuera». Entonces la banda arremetió con el último tema, David subió escaleras arriba hacia la calle, pertrechado con los tubos, mientras sus compañeros tocaban, y el público (entre los cuales yo estaba) simplemente le siguió.

Punto y aparte merece lo que entonces ocurrió: David terminó de cantar la canción delante de la puerta del local, justo en medio de la estrecha Calle San Dimas, explotando los tubos de confetti, rodeado de todo el respetable público y con el eco del resto de la banda tocando escaleras abajo. Todo esto, sin que se ocasionara el mas mínimo incidente.

Mientras sigan existiendo prendas como los Yakuzas, el R ‘n’ R de verdad, no el de juguete, podrá seguir dándonos Noches de Viernes como la que vivimos allí.

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