Tav Falco’s Panther Burns – Zaragoza (Explosivo! Club 28-2-14)

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Casi cerrando su gira española, llegaba a Zaragoza el viernes pasado Tav Falco junto a sus panteras ardientes, músico de culto que sin duda ha conocido mejores días. Y no había que fijarse más que en la pobre entrada que registraba el Explosivo! Club para darse cuenta de ello.

Abría la velada King Cayman, one man band desde Madrid que apenas pude ver durante unos escasos minutos al no poder acceder a la sala por razones que no vienen al caso. Durante media hora larga el músico, acompañado de guitarra, bombo y chaston, estuvo abusando de la distorsión en una descarga ruidista que no me atrevo a calificar porque, como explicaba antes, la mayor parte la escuché desde la puerta de la sala.

Con las cortinas todavía cerradas no sé muy bien si como efecto escénico o por descuido, a eso de las 23:30 los Panther Burns subían al escenario sin la presencia de su líder para arrancar con «Green Onions». La banda, compuesta por anónimos músicos italianos y franceses, suena efectiva pero sin demasiada garra. Tras el tema de Booker T and the MG’s, desde un lateral subía con su guitarra Tav Falco, no sin antes haber echado un vistazo furtivo al público. Como un presentador de feria ambulante y mientras la batería ejercía momentáneamente de gogó, ataviada con un sexy bikini y exudando sensualidad madura por los cuatro costados, Falco se dirigía directamente al público reclamando su atención. Pronto volvería a tirar de otro standard, el «Funnel of Love» popularizado por Wanda Jackson y coronado con una serie de gestos sexuales con el pie de micro que, dada la edad del protagonista, más parecían de anciano sátiro que un acto de pura rebeldía rockera.

Y mientras, iban cayendo medios tiempos y escasas muestras de suciedad, peligro y distorsión, que era lo que el público parecía estar esperando al ser estas las más celebradas. Falco bailotea, observa con atención las reacciones del público y hasta se marca un tango demasiado largo con una bailarina que podría ser su hija, para pasar a una especie de versión tex-mex de «Mona Lisa» y acabar en los bises con un «Aquarela do Brasil», momento que aprovecha para presentar a la banda y que esta a su vez aprovecha para su lucimiento. A la 1:15, mientras los músicos siguen tocando, Falco se despide del escenario lanzando zarpazos que, más que de pantera, parecen de gatito.

En definitiva, un concierto irregular pero con un regusto kitsch y cierto aire sensual de lo más encantador.

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