La rockera vuelta al cole de La Sexta

Probablemente ya lo hayáis visto: A ritmo de «Thunderstruck» y con un sujeto disfrazado de Angus Young es la manera en la que La Sexta da la bienvenida a su nueva temporada estos días. En principio me hizo gracia, aunque reflexionando lo que me produce es más bien pena. Sí, tal vez le pegue al más «progre» de todos nuestros canales una promoción «rockera», pero que alguien me explique dónde está el Rock ahora mismo en la televisión (y no hablo únicamente de La Sexta). Veo por promociones en otros canales del mismo grupo mediático que han lanzado un programa musical patrocinado por cierta bebida refrescante, pero lamentablemente se dedican a promocionar a «la ‘boy band’ del momento» (sic). De Rock que yo sepa ni una miajilla. Todavía recuerdo a nuestra amiga Pilar Rubio comentar hace algún tiempo que iba a presentar un programa musical. Pero uno de verdad, no una mierda de reality como aquel al que tuvieron que acelerar el final. Todavía estamos esperando, aunque dadas las dotes de la muchacha para la presentación e interpretación, creo que está mejor calladita.

Sin embargo, aquellos que tengáis que madrugar bastante a diario o los que sufráis de insomnio, ya estaréis acostumbrados a esos programas de actuaciones musicales en directo de madrugada. Toda una variedad de estilos -alguna vez he llegado a ver algo parecido al Rock, lo prometo- y de ilustres artistas desconocidos se pasean por los canales ofreciendo su música en directo para todos aquellos melómanos ávidos de descubrir nuevos valores (ejem). Los grupos reciben una oportunidad de difundir su música y los canales, tras la mierda de los tarotistas y demás chusma, rellenan una franja horaria incómoda a la que sólo le resta la única alternativa de la teletienda.

¿Todos contentos pues? Aparte de la cuestión de si alguien los ve, en realidad parece que algunos quedan más satisfechos más que otros, ya que como ha destapado hasta la propia SGAE, los canales reciben pingües beneficios a través de productoras utilizando sucias triquiñuelas para cobrar derechos de autor. Esto funciona básicamente así: una productora creada desde una cadena de televisión registra una música que suena de fondo, por ejemplo, en un programa en el que una bruja te cuenta tu futuro; posteriormente se pone el cazo y a trincar. Simple y efectivo, a tenor de las cantidades de las que se hablan. La desfachatez de esta gente no acaba ahí, ya que incluso parece que algunos caraduras utilizan música de dominio público que, cambiando una sola nota, pueden volver a registrar y explotar durante 25 años.

Las denuncias parece que se limitan a ese tipo de programas de futurólogos y demás, pero me pregunto si esos musicales de los que hablábamos antes también son objeto de este tipo de prácticas. Tal vez algún lector -o incluso algún músico- me lo pueda aclarar. Lo que está claro que el nivel de podredumbre moral en todos los ámbitos de este país cada día es más preocupante.

Empezaba este texto hablando de AC/DC y voy a acabarlo de la misma manera lanzando una pregunta y mezclando churras con merinas: ¿son realmente conscientes los hermanos Young de para qué se está utilizando su música y su imagen?

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