En la playa…

Que recientemente haya cumplido una de mis asignaturas musicales pendientes viendo a Neil Young tiene algo que ver con que ahora me descuelgue con un artículo sobre «On the Beach», pero no demasiado. Veréis, la idea de escribir sobre este álbum me viene de lejos, pero por alguna razón siempre lo he ido dejando para otra ocasión. Así que puede que la experiencia Crazy Horse en directo me haya dado un pequeño empujoncito, pero no es desde luego la motivación principal.

Sin embargo está bastante claro que «On the Beach» es un disco especial. La atmósfera que se respira a lo largo de todos sus surcos, hacen de su audición una experiencia intensa que en el momento de su edición no fue demasiado bien digerida. Y me atrevo a añadir que además de especial, «On the Beach» es también esencial. No es un disco que nadie destacaría de entre los de su discografía en un hipotético listado de «lo mejor de», pero relegarlo al estatus de obra menor me parece todo un disparate. Y no olvidemos esa portada, probablemente mi preferida de entre todos los discos de Neil Young (el canadiense explica en su biografía cómo surgió la idea). En cualquier caso, esto de la música es una experiencia muy personal, y probablemente cualquier otro oyente lo verá de otra manera.

Pero es que además estamos ante un álbum que adquirió tintes casi míticos por la simple razón de que no fue reeditado en formato CD hasta hace unos años. Según leo en la Wikipedia, parece ser que el propio Young tuvo algo que ver, receloso de la conversión al formato digital y de la integridad del sonido. Sea como fuere, esto lo sabemos hoy, pero entonces aquello de pensar en una mano negra evitando la reedición no hacía más que aumentar el aura del álbum. El que quisiera sumergirse en él debía hacerse con una copia de segunda mano en vinilo. Esta es otra de las razones por las que para mí «On the Beach» es un disco tan querido. Tras años de leer referencias sobre él, tras años de patearme tiendas -todo esto ocurrió antes de que se popularizase una cosa llamada eBay-, un día de repente encontré una copia en bastante buen estado. Mi memoria me falla en este punto, pero creo recordar que para entonces por catálogo ya habíamos conseguido en casa unas copias piratas de varios de estos discos que permanecían descatalogados; aún así, tener aquel artefacto entre mis manos y de manera tan sorpresiva (se trataba de una tienda de artículos de segunda mano en la que en cuestión de discos no había más que morralla) fue también algo que añadir a lo que experimento todavía hoy al escuchar «On the Beach» y temas como «For the turnstiles», tal vez de mis temas preferidos entre los «ocultos» de su carrera.

Puede que «On the Beach», a pesar de su título, no sea el disco más adecuado para la época estival, pero cualquiera que se precie de ser fan del canadiense debería lanzarse de cabeza a conseguirlo si es que no lo posee ya. Yo por mi parte creo que ya va siendo hora de volver a revisarlo.

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