Entrevistamos a Fernando Pardo a cuenta de ‘Los chicos eléctricos’

«Repasar tantas entrevistas y artículos antiguos me resultó una especie de terapia de liberación con el pasado»

Creo que no será necesario presentar a alguien como Fernando Pardo. Enfrascado siempre en los mil y un proyectos, el penúltimo ha sido la edición de «Los chicos eléctricos», obra de la que ya dimos cuenta en nuestra sección literaria hace algunas semanas. Con el libro en mente, nos pusimos en contacto con Fernando para hacer una entrevista un poco diferente y que fuera él quien nos contara los entresijos del libro.

– Bueno, háblanos un poco de «Los chicos eléctricos». ¿Cómo te ofrecieron la idea y por qué aceptaste?   

– Me lo ofreció Alex Díaz Garín de Cooper, en septiembre del año pasado. Nos conocemos hace muchos años y me pareció muy buena su idea de sacar un libro pequeño, con resúmenes de entrevistas, artículos o de cualquier extracto de algo que tuviera publicado o por publicar. Había que conseguir que todo ese material reflejara de forma sencilla y entretenida la carrera de alguien dedicado a la música durante años, en mi caso al r’n’r subterráneo. Como soy de los que guarda casi todo, sabía que tenía material suficiente para rebuscar y tratar de sacar algo interesante.

– ¿Y cómo encaraste la confección del libro? ¿Tenías una idea clara de lo que ibas a contar desde el principio?

– Tal y como me lo contó Alex, me dio la impresión de que iba a ser algo más o menos fácil y que no me llevaría demasiado tiempo. Pero según empecé a recopilar artículos y entrevistas me di cuenta de lo complicado que me iba a resultar. Acabé juntando unas 500 páginas después de hacer una selección bastante exhaustiva y resumida. El problema es que tenían que ser 80 páginas ¡Al final tuve que hacer una selección más a fondo!, quité montones de cosas y recorté otras para darle cierto sentido y que resultará fácil de leer sin perder el mensaje de fondo. En todo esto Alejandro me ayudó mucho, me aconsejó y guió cada vez que tuve alguna duda y eso me ayudó a que fuera todo más rápido y al grano, gracias a él hubo pocas dudas y un enfoque más concreto.

La verdad es que al principio no tenía demasiado claro que es lo que iba a salir de todo esto, pero repasar tantas entrevistas y artículos antiguos me resultó una especie de terapia de liberación con el pasado. Al final decidí hacerlo menos crudo en un ejercicio de autocensura a favor del entretenimiento y la verdad es que el resultado me ha gustado bastante. Es fácil de leer y no hace falta echarse una siesta después de leerlo para digerirlo bien.

– Lo que me extraña es que tengas tiempo para haberte embarcado en algo así, entre Sex Museum, Los Coronas, Corizonas… ¿Cómo te organizaste?   

– Me organicé sobre la marcha, me pilló entre medias la grabación del disco de los Coronas en Túcson, la producción del «Sagittarius» de Tokyo Sex Destruction y la gira Australiana de Los Coronas y traté de aprovechar cada vuelo, cada viaje en furgoneta o cada rato muerto que teníamos en el hotel. La verdad es que trabajo bien bajo presión, aunque en esos momentos flojeo bastante en mis relaciones sociales…

– Una vez publicado y ya observado con un poco de distancia, supongo, ¿qué es con lo que estás más contento y qué partes te gustan menos?  

– Todo me ha gustado bastante, en la selección resumida ya dejé de lado lo que me chirriaba más, ha salido más políticamente correcto dentro de mi poca «corrección política». Al final me jodió un poco dejar algunas cosas fuera, como todo lo relacionado con Wonderboys, Tubular Greens o Thunderbolts o algún artículo antiguo para el Zona de Obras, pero había que ir al grano y creo que al libro le ha venido bien.

– ¿Cambiarías algo?   

– No, así me gusta y se consigue el efecto que Alejandro y yo pretendíamos de manera muy clara. Viendo los otros libros de la colección, el de Alejandro y el de Felipe Spada, he comprendido bien la idea inicial de Alejandro y me ha convencido definitivamente de que lo que hay es lo que debía estar.

– Algunos fragmentos son de un proyecto de biografía de Sex Museum que permanece inédito. ¿Tienes intención de acabarlo algún día?

– Hice un intento de biografía de Sex Museum, pero yo soy el dictador que ha estado presionando y apretando a todos los miembros que han pasado por el grupo durante años y mi visión es demasiado parcial. Una parte del grupo hemos vivido todo este tiempo como una «Road Movie Beatnik» dirigida por Kurosawa, mientras que otra parte del grupo lo ha vivido como un camino de ascenso o acercamiento al éxito o a la fama. Esto crea tensiones y luchas irremediablemente, por los puntos de vista y aspiraciones diferentes de cada uno de nosotros, pero que son completamente normales en una banda que lleva tanto tiempo y por supuesto absolutamente respetables. Habría que hacer algo en plan «Por Favor, Mátame: La Historia Oral del Punk», con opiniones de todas las partes, miembros del grupo y gente que ha estado cerca del grupo. Habría que encontrar un buen punto de vista y, yo al menos, aún no lo he encontrado.

– ¿Y algún otro proyecto de libro a la vista?   

– Tengo desde hace tiempo varias cosas empezadas y en el aire, cuando tenga algo más de tiempo libre empezaré a rematar. Bueno, cuando tenga el tiempo, la energía y la disciplina suficientes.

– Si tuvieras que escribir la historia de algún grupo de toda la historia del Rock -que no fuera el tuyo, obviamente- ¿cuál elegirías y por qué?

– De personajes me gustaría de Bo Diddley o Link Wray, más que nada porque me parecen dos personajes enormes que no tienen biografías y que han sido algo menospreciados y maltratados por el mundo del r’n’r, que solo ha tenido en cuenta su obra de los 50’s o primeros 60’s, olvidando más de la mitad de su carrera – en el caso de Link Wray también se tiene en cuenta su colaboración con Robert Gordon de finales de los 70’s -.

Y de bandas o movimientos, estaría de puta madre escribir un libro o hacer un documental sobre la escena que se creó en Madrid alrededor de Patrullero Mancuso, Pablo Cobollo de los Soul Bisontes, todo en lo que han estado metidos Murky y Eva del sello Alehop. O para ir hasta las raíces, de Corcobado y todo lo que derivó de Mar Otra Vez o Demonios Tus Ojos y la gente que tocó en estas bandas. Totalmente friki, «artie» e injustamente olvidado.

– ¿Y qué suele leer Fernando Pardo?

– De todo un poco, si estoy en un día en el que me pesa el mundo, leo ensayos un poco densos de Francois Julien, Richard Tarnas, Rorty, Derrida o Jung, para – con voz grave y un poco afectada – aprender a guiar mi actitud posmoderna, cínica y condescendiente, hacia una revisión del espíritu Beatnik más naif, mucho más activa y comprometida. Pero si estoy en un día en el que me siento un poderoso ser cósmico, capaz de crear y destruir universos, leo revistas como el Mojo, Uncut o Dwell y montones de blogs o páginas de información en internet que van desde como construir un pedal de Fuzz – pedal para guitarra – hasta como meterte en la radio de tu vecino para mandarle mensajes satánicos de desasosiego.

– ¿Cuál es el libro sobre música que más te ha gustado y que recomendarías a todo el mundo?

– Es un buen momento para leer «Guitar Army. Rock y Revolución con los MC5 y The White Panther Party» de John Sinclair. Viene bien refrescar la idea que se tiene del r’n’r cada cierto tiempo y este libro ayuda mucho a entender cómo, cuándo y porqué se convirtió en una fuerza social, cultural y política, en los años 60 y principios de los 70, tan fuerte que casi cambia el mundo. Esa revolución sigue en pie y este libro es un buen manual para cambiar las cosas desde un punto radical, cultural y excitante a la vez.  Yo, después de leerlo, me he dado de límite hasta el 2020 para seguir empujando a saco y tratar de cambiar el mundo con el r’n’r. Después, si no he conseguido nada, me dedicaré solo a los grupos de versiones…

– Cambiando de tercio y respecto a tus bandas… ¿alguna novedad que quieras compartir con nosotros?

– Los Coronas editaremos un «EP» con versiones después del verano y este otoño o invierno tanto Corizonas como Sex Museum empezaremos a darle vueltas a un próximo disco.  

– Bueno, esta era la última pregunta, ¿quieres añadir alguna cosa para nuestros lectores?  

– Me gustaría recomendarles lo que nunca me enseñaron mis padres y tuve que aprender con el tiempo: Que disfruten del sexo como algo divertido y sin tabúes, que hablen con los viejos que tengan cosas interesantes que contar y aprendan de lo que dicen los niños. Que cambien los telediarios de la noche por unas caladas de marihuana, que digan siempre lo que piensan y que si no les gusta lo que sale de su boca, que cambien la actitud y se conviertan de una puta vez en quien les gustaría ser o en quien presumen ser. Que le echen los huevos de salir a la calle con esa camisa que tanto les gusta pero que da vergüenza ponerse y está eternamente escondida en el fondo del armario. Que dejen que las cosas crezcan salvajes libres y exuberantes, que no quieran cambiar lo que ya está bien como es. Que bailen y hagan las cosas con entusiasmo y que si no son capaces de sacar las fuerzas, que encuentren su droga, la que le sienta bien a cada uno y le aleja de la aspereza del censor que todos llevamos dentro, de ese extraño que tenemos todos en nuestro cerebro que no te deja soltarte y disfrutar, que a veces actúa como tu abuela, otras como un cura y otras como un Guardia Civil del franquismo. Que no piensen que todos los políticos son iguales y que en el fondo da igual la derecha que la izquierda, que piensen, se comprometan y tomen partido. Que no acaben repitiendo a sus hijos lo que odiaban que les dijeran sus padres – no hay nada peor que un rebelde adolescente que se convierte en padre restrictivo y autoritario -. Y que luchen por tirar las barreras más que por construirlas. Demoler, demoler, demoler ¡!!

Y si no, si deciden hacerse mayores y respetables, aceptando la mierda que les viene encima porque «ya tienen una edad y ya no están para esos trotes», que se alejen lo máximo que puedan del r’n’r o cualquier forma de cultura alternativa. Porque si no lo hacen lo acabarán contaminando todo y el r’n’r perderá su crudeza, su peligro y el vértigo, y al final pensarán como sus padres 20 años antes y tendremos a los Dire Straits como paradigma de la clase y el saber hacer bien las cosas en el mundo del r’n’r.

Contra el avance imparable de las buenas costumbres, ¡pon un poco de Jay Reatard en tu vida!

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