La muerte del Metal

Con Metallica fuera de juego hace muchos, muchos años, Dave Mustaine entregando discos poco más que correctos, y Anthrax volviendo a su pasado pretérito de una manera bastante vergonzante, la muerte de alguien como Jeff Hanneman es para el Metal casi como la puntilla. Porque hace años que perdimos a Pantera, los herederos naturales de la generación de los Big Four, y con la situación actual de la industria musical es imposible que permita que bandas como Mastodon puedan recoger el guante de manera apropiada. Así de triste es la situación, por mucho que nos empeñemos en verla de otra manera.

Lo siento, pero este texto pretendía ser un homenaje a Jeff Hanneman, compositor de algunos de los himnos definitivos del Metal, a pesar de sus, en ocasiones, controvertidas letras. Pero transcurridos estos días desde su muerte la realidad me ha hecho ver que da igual los homenajes que podamos dedicarle a uno de los guitarristas que definieron nuestra música en los últimos lustros (sí, soy consciente de que para muchos el Metal ni siquiera es Rock and Roll), porque lo cierto es que la gente menor de 25 años que haya podido lamentar esta muerte es una proporción ridícula.

Debo decir que en mi casa, cuando yo era adolescente, Slayer no eran muy bienvenidos. Aún así, como buen frikazo que siempre he sido, conseguí que alguno de mis «colegas» de clase me dejase alguna cassette grabada, en contra de la opinión de mi hermano, que en aquel entonces era algo así como la persona en la que más confiaba a la hora de escuchar música. A este respecto también es legendaria la anécdota de cuando decidí allá por el año 90 comprarme un LP de Public Enemy ante su estupor… pero qué cojones, yo empezaba a demostar que también tenía un criterio propio. De todas formas esto hoy no toca.

En cualquier caso, mi relación con Slayer a lo largo de los años ha sido… cuando menos complicada. Recuerdo ya mayorcito cómo me impactó (re)escuchar un tema como «Raining Blood», hasta el punto de que eso me empujó a volver a fijarme en Slayer tras algunos años en los que el Metal casi dejó de interesarme. Sé que no voy a aportar nada nuevo si digo que es uno de los temas definitivos no solo del Thrash, sino del Heavy Metal en general, pero tampoco puede uno pasar por alto semejante evidencia.

Por suerte pude ver a Slayer con la formación original hace algunos años en un festival. Posteriormente también la he visto con Gary Holt, aunque inflexible que es uno, aquello fue como una especie de muy buen placebo simplemente. Odio tener que pensar que nunca más vamos a poder ver a Jeff Hanneman sobre un escenario por culpa de una puta araña. Que Slayer no van a poder contar nunca más con su pluma para componer nuevas canciones. Pero esa es la realidad. Muchos no ven a esta gente al mismo nivel que, por ejemplo, un Bo Didley, pero cuando vaya palmando toda esta generación… ¿con quién coño nos vamos a quedar? ¿Con los putos Muse?

Ya podía cascarla el indeseable de Bono, un puto cáncer mesiánico para el Rock, en lugar de alguien como Hanneman. Estamos de acuerdo en que Slayer tal vez perdieron la lucha de la imagen (esas acusaciones de pertenecer a la ultraderecha lo cierto es que tenían su razón de ser). Pero hace ya algo así como un cuarto de siglo que se editó «Reign in Blood», disco que todavía sigue sin ser superado (tal vez igualado, pero nunca superado).

Escribo todo esto hoy empapado por el alcohol y sin una idea clara de lo que quiero plasmar, pero me parecía lo mínimo que un «heavy metal kid» como yo podía hacer para reivindicar la figura de Jeff Hanneman. R.I.P.

Comentarios

Comentarios