El talk box, el secreto mejor guardado de los efectos del Rock

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Cuando se cita el talk box, pocos aficionados parecen estar familiarizados con el término, y sin embargo es un efecto explotado con cierta frecuencia en el mundo del Rock. No es más que un tubo de plástico que desde la pedalera permite al músico, generalmente guitarrista, moldear con su boca los sonidos ejecutados con su instrumento.

Seguro que ahora sí muchos reconocerán de qué estamos hablando, e incluso recordarán algún que otro tema en el que se ha utilizado. En cierto modo es como por ejemplo el Theremin, artefacto presente desde hace décadas en la música popular pero raramente conocido por su nombre por el gran público. De hecho el otro día leía un artículo en el que se hablaba del talk box que sus orígenes datan del año 1939, cuando al músico de pedal steel Alvino Rey se le ocurrió conectar su instrumento con un micrófono especial a la boca de su señora (ahorraros los dobles sentidos); ésta se ocultaba detrás de una cortina para ejecutar el «truco» y así el público asistía a la novedad de una guitarra que realmente podía «cantar».

Posteriormente se desarrolló el Sonovox, artilugio que seguía el mismo principio de conectar el sonido con la garganta de un intérprete para moldearlo con la boca. Pero no será hasta los años 60 cuando su uso comience a extenderse, de modo limitado eso sí, al mundo del Rock. Al parecer fue nuevamente un músico de pedal steel, Pete Drake, el que lo utilizó en un disco titulado «Forever». Se trataba de una varión creada por Bill West, también guitarrista de pedal steel y marido de Dottie West, y en esta configuración fue conocido por Joe Walsh, amigo de la pareja y que lo introdujo en la música de The James Gang. Este modelo no podía ser utilizado en directo porque no tenía la suficiente potencia, por lo que junto a un tal Bob Heil, amigo suyo que poseía una empresa de electrónica, se dedicó a mejorarlo. Así nació la «Heil Talk Box», la que recibiría luego Peter Frampton como regalo de navidad de su novia y que en sus manos (o mejor dicho, en su boca) se acabaría popularizando.

El resto, como suele decirse, es historia, y aunque al lado de wah wahs, fuzz y demás sea un efecto marginal, sus aportaciones en el Rock abarcan además de los citados Frampton y Walsh desde The Who, Aerosmith, o Bon Jovi a grupos más modernos como Avenged Sevenfold.

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