El Rock será underground o no será

Detesto tener que utilizar términos que, de tan manidos, han perdido completamente su significado original para ser pasto de un uso masivo que los desvirtúa completamente. Pero en el caso del underground al que nos referímos con el título, me temo que no me queda otro remedio: otras opciones que se me ocurren son indie o independiente o bien alternativo, que suenan todavía mucho peor. Y por underground me quiero referir a prácticamente todos los grupos de Rock de la actualidad (y entiéndase Rock en sentido amplio). Creo haber tratado el tema anteriormente con más o menos profundidad en otros artículos, así que no me extenderé explicando lo de siempre (que las bandas de Rock capaces de llenar estadios por ejemplo se cuentan con los dedos de las manos, y que de estas las que llevan menos de tres lustros de carrera son… prácticamente inexistentes). No parece haber mucho reemplazo, los medios de comunicación son cada vez más reacios a dar minutos o párrafos a nada que no sea un superventas o un fenómeno de masas y además la piratería está evitando que muchas bandas puedan vender la suficiente cantidad de copias de sus trabajos como para ser tenidas en cuenta por la maquinaria promocional de las discográficas y que lleguen así a más gente.

Tampoco soy de la opinión de que el Rock está muerto. Tenemos grandes bandas en la actualidad, una agenda de conciertos que no habríamos podido ni soñar hace unos años, algunos festivales potentes y un medio tan inabarcable como internet que nos permite colarnos casi hasta en la cocina de los músicos, interactuar con ellos y tener acceso a sus productos, ya sean discos o bien merchandising. Aún así creo que todavía tenemos mucho que aprender de la red y desarrollar un uso responsable de ella, en el que habría que centrarse principalmente en la justa remuneración del artista por su trabajo.

Estamos, como digo, ante una crisis en su doble acepción de dificultad pero también de oportunidad. Y por una vez soy optimista al respecto. Si el lector pudiese acceder al sancta sanctorum de Rock and Roll Army, sus muy deseadas estadísticas, constataría un hecho que a mí mismo me causó bastante perplejidad en su momento. Y es que en muchas ocasiones artículos referidos a pequeñas o casi desconocidas bandas tienen mayor número de visitas que, pongamos por caso, el artículo de turno de portada dedicado a los Rolling Stones. Analizando el dato podemos llegar a varias conclusiones, como que la democratización de internet también afecta a los medios musicales (con el inestimable concurso, por qué no decirlo, de las redes sociales que sirven para que el virus se extienda a base de compartir contenidos). Pero también que existe una demanda de ese tipo de contenidos por parte de un público que no se deja engatusar por la inclinación hacia el fenómeno más trendy de los medios más cool (nótese la ironía en utilizar aquí términos como trendy y cool). Todavía estamos lejos de poder competir con cabeceras de campanillas (y aquí no me refiero exclusivamente a Rock and Roll Army), pero estamos formando una especie de resistencia que, si bien no todo lo numerosa que nos gustaría, sí es al menos fiel y decidida. Somos la avanzadilla de un movimiento, y por primera vez en mucho tiempo veo el futuro del Rock con cierta esperanza.

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