‘This Is Spinal Tap’ (Rob Reiner 1984)

Que a estas alturas no hayamos hablado por aquí de «This Is Spinal Tap» resulta incomprensible. La única explicación que se me ocurre es que nuestros nunca bien ponderados responsables no se hayan atrevido antes dado el culto que se profesa a la película. Y si esa es la verdadera razón tendrían disculpa: no hay hombre, mujer o niño rockeros que no hayan al menos oído hablar de «Spinal Tap» y que no conozcan alguno de sus gags. Y dado que probablemente es el falso documental musical más famoso de la historia (el «probablemente» sobra), es difícil volver a hablar aquí de él sin resultar repetitivo o innecesario.

Por ello no voy a hablar aquí del argumento, ni a recordaros sus escenas más celebradas. Ni siquiera creo necesario relacionar anécdotas reales con algunas de esas escenas, o incluso citar músicos reales en los que se basaron ciertos personajes. Tampoco hablaremos aquí de la problemática de los baterías, en la película y en la realidad. Porque prácticamente cada banda de Rock ha pasado en algún momento por situaciones absurdas como las que se cuentan en «This Is Spinal Tap». Para alguien ajeno al mundillo rockero probablemente no pasará de película del montón con un interés escaso o nulo. Pero para los pocos iniciados que vamos quedando, «This Is Spinal Tap» se convierte en una delicia desternillante y absurda que muestra las miserias del Rock de una forma tan inteligente y sutil que con tanta payasada casi se nos pasa por alto. Lo tiene todo: la banda venida a menos, el detestable manager, la novia «yoko-onística», el guitar hero con el ego subido al 11, el personal del sello discográfico que no tiene ni pajolera idea del tipo de banda que le ha tocado manejar… Ahora que hemos vuelto a la rutina y que nos vuelve a costar llegar al viernes, no es mala idea volver a darle un visionado a «This Is Spinal Tap», aunque solo sea por escuchar de nuevo aquello de «We are Spinal Tap from the UK, you must be the USA!».

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