Converge + Toxic Holocaust + Rise and Fall – Múnich, Alemania (Sala Feierwerk 8-8-12)

Converge + Toxic Holocaust + Rise and Fall – Múnich, Alemania (Sala Feierwerk 8-8-12)
4.1 (81.21%) 33 votes

Potente y relativamente diverso cartel el que tuvimos ocasión de presenciar un miércoles de verano en una de las ciudades más recomendables de Alemania. Los belgas Rise and Fall, con su hardcore/punk agresivo y metalizado, resultaron acaso algo monolíticos, pero demostraron una falta de fisuras encomiable. Fueron temas serios (sobre «tratar de evitar el peligro» o «la guerra que libramos todos los días para poder ser lo que queremos») que acometieron con brío pese a la tibia respuesta de un público que, eso sí, para el final de la media hora cuando menos agitaba la cabeza. Con todo, en el Groezrock de 2010 dejaron patente que cunden más en casa.

El repertorio de Toxic Holocaust, a tenor de títulos como «Metal Attack» o «666», parece ser menos reflexivo, pero dejaron un muy buen sabor de boca. No lograrán desbancar a Municipal Waste, los actuales reyes del género, pero lo hacen lo mejor posible para ser sólo tres miembros. El sonido también fue muy superior al de su pasada gira, con The Secret, Doomriders y Kvelertak. La gente se divirtió a su manera, rehúsando hacer un circle pit pese a recibir varias peticiones del grupo. El punto de inflexión, o mejor dicho el anticlímax de la noche, se produjo cuando un individuo trató de acercarse al escenario con un par de katxis, en pleno desmelene. Lógicamente no le duraron mucho y, tras las esperadas e infantiles muestras de frustración, trató de desquitarse produciendo la única infracción de la noche a la ley antitabaquista, también vigente en Baviera. Los de Portland terminaron por repuntar, pero para entonces ya eran Converge quienes estaban en mente de todos.

Con un sonido bastante mejor que en el Resurrection Fest gallego de la semana anterior, mantuvieron no obstante una singular apuesta inicial, al abrir con «Jane Doe» y otra canción atípica. El desmadre, pues, se demoró hasta el tercer tema, «Dark Horse». Para entonces, el batería Ben Koller ya reía con la confianza del sádico que sabe que te está lacerando a base de bien. Siempre envueltos en ese aura de misticismo (a lo que también contribuye que su página web se llame convergecult.com), los de Massachusetts lo dieron todo durante una hora intachable. Su cantante Jacob Bannon sabe del carisma que posee, y aunque a veces exagere su condición de fiera indomable -dejando que le cuelgue un esputo, por ejemplo-, lo cierto es que lo explota como pocos. Pese a tratarse de un grupo relativamente asentado comercialmente, Bannon tampoco duda en dejar que el público haga buena parte de su trabajo como vocalista cuando la ocasión lo precisa, o de pedir, sin rubor, que suban o bajen el volumen desde el propio micrófono, algo más habitual en aficionados. La veterana banda también despotricó de «la industria musical» («este grupo ha sido la mitad de nuestras vidas», insistieron), y ofreció varios temas de su próximo trabajo completo, «All We Love We Leave Behind», que verá la luz en octubre. Si bien no llenaron el local, tal vez porque Hatebreed tocaban con Unearth y First Blood esa misma noche, lo cierto es que los trescientos asistentes pudimos comprobar la progresión de unos Converge que ya no se conforman, como en aquella primera gira europea en 1999, con hacer «música para hacer sangrar los oídos». O quizás fueran Turmoil los de ese eslógan, es posible que nos falle la memoria.

Comentarios

Comentarios