Pussy Riot: el punk vuelve a los noticiarios

Desde que Pussy Riot realizaron en marzo el acto de protesta contra Vladimir Putin que les ha llevado a la cárcel, hasta que nuestros medios de (des)información nacionales se han hecho eco del asunto estos días, han pasado unos cuatro meses. Y ha tenido que ser debido a la celebración del juicio contra el colectivo y que petardas como Madonna (lo siento, actualmente me parece un personaje insufrible) se hayan posicionado a su favor. De acuerdo, nosotros tampoco hemos hablado del tema hasta ahora y no vamos a colgarnos esa medalla, así que asumimos nuestro error. Pero esto, como diría aquel, hoy no toca. La cuestión es que se vuelve a hablar de punk en las noticias, pero es todo coyuntural: parece que en Occidente no cae demasiado bien el Zar Putin, razón por la cual hay que denunciar todos sus excesos y derivas autoritarias. Sin embargo, pocos medios generalistas (de hecho no conozco ninguno) han tratado en nuestro país el encarcelamiento a todas luces injusto del vocalista de Lamb of God, por ejemplo; ni tampoco parece interesar demasiado que la subida del IVA vaya a dar la puntilla a negocios y ofertas culturales que no tengan el respaldo masivo y que son las que mayormente nos interesan a nosotros. No vamos a ver que la próxima gira de The Jayhawks sea destacada en las noticias de las 15:00, pero sí nos enteraremos por activa y por pasiva cuando Alejandro Sanz, al que no tengo el gusto de conocer pero que me parece un personaje de lo más detestable, saque «nuevo» disco con la misma cantinela ñoña de siempre. Creo recordar que con alguno de sus últimos lanzamientos incluso fue entrevistado en directo en un informativo en prime time… ¡de locos!

El punk vuelve a los noticiarios, sí, pero no nos engañemos… ¿quién se acordará de Pussy Riot dentro de un par de meses? Además su presencia, lamentablemente, no tiene nada que ver con sus actividades, sino con haberse enfrentado a alguien que despierta el recuerdo de lo malos que fueron los rusos en otra época (ya hablaremos en otro momento de la derecha mediática y su revisionismo rancio). A nadie le importa que Nashville Pussy estén girando en cuanto acabe el verano, como a nadie le importa la suerte que corran estas chicas, salvo quizá a cuatro «piraos» del mundillo musical underground. Nos podemos dar por jodidos, mientras que no cancelen «Mujeres y hombres y su puta madre» no habrá ninguna protesta juvenil a nivel masivo en esta monarquía bananera que tenemos que sufrir. Y eso es precisamente lo que interesa a algunas élites, reducir al mínimo las expresiones culturales que puedan ser de algún modo contestatarias o capaces de despertar la conciencia crítica y apoyar la uniformización del pensamiento mediante la banalización de todos los aspectos de la vida y sobre todo de la cultura (entendamos cultura aquí en sentido amplio, ya que me veo obligado a incluir nuestra estupenda programación televisiva). La lobotomización de la juventud es un hecho, y si no tomad como ejemplo la popularización de un término tan horrendo como «friki», utilizado nomalmente de manera despectiva y hasta la saciedad para señalar a cualquiera que tenga unos gustos o intereses que no son los que tienen reflejo en la televisión o en los suplementos dominicales. Los que son considerados «normales», vaya. La cultura de masas me parece lo más cercano al fascismo hoy en día, y por esta razón a todos los que me llaman raro siempre les digo lo mismo: prefiero ser diferente pero al menos tener la opción de elegir por mí mismo. Aunque tal vez sea precisamente eso lo que «ellos» quieran que piense…

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