Azkena Rock Festival 2012 – Vitoria-Gasteiz (Recinto Mendizabala 14-16/06/12)

Después de tocar techo de asistencia en la pasada edición, este año el Azkena Rock Festival lo tenía complicado para seguir de cerca siquiera la cifra marcada en su décimo aniversario. La caída del cartel de Black Sabbath, la ausencia de cierto músico norteamericano que lleva sonando desde hace años (más como la expresión de un deseo colectivo que de algo con verdadera base) y que por estas fechas se encuentra en plena gira europea después de algunos lustros, o la falta de un cabeza de cartel capaz de mover masas  (lo de Ozzy no cuenta al repetir tan solo un año después) ha provocado que este año y entre las tres jornadas no se hayan alcanzado el total de 42.500 espectadores.

Personalmente lo prefiero, porque se ha vuelto a un número de asistentes idóneo para el tamaño del recinto, los agobios han sido mínimos y además hemos podido disfrutar de grandes conciertos, que es por lo que principalmente nos movemos, al menos yo. Porque sí, es posible que a primera vista el cartel nos pareciera un tanto descafeinado, pero finalmente se ha demostrado que, a pesar de imponderables, había nombres muy sólidos y alguna que otra sorpresa de lo más agradable. La lástima, por segundo año consecutivo, es que la organización haya decidido volver a la fórmula de tres escenarios y conciertos solapados. Si algo tenía de bueno este festival, y creo además que una de sus señas de identidad más reconocibles, era precisamente que el que así lo quisiera pudiera ver todos los grupos del cartel. Incluso en la jornada del jueves, con programación únicamente en dos de los tres, había conflictos horarios que obligaban a tomar dolorosas decisiones, algo que no puedo entender. Personalmente prefiero dos o tres nombres menos por noche pero poder ver todos los conciertos, o al menos tener la opción. Desde aquí hago un llamamiento a los responsables para que de cara al año que viene mediten sobre el tema, aunque mucho me temo que caerá en saco roto. Precisamente por todo esto lo que vais a poder leer aquí será una crónica incompleta del festival, así que animo al lector a completar vía comentarios lo que no se nombre.

El jueves 14 Blue Öyster Cult volvían a Euskadi (estuvieron hace algunos años en el Bilbao Live). Descubrí con pena que Rudy Sarzo ya no forma parte de la banda, aunque tampoco es que eso haya afectado al sonido del grupo. Con algo menos de una hora BÖC tampoco pudieron explayarse demasiado en un repertorio en el que lógicamente no faltaron sus hits, aunque personalmente no me emocionaron tanto como la única vez que les había visto.

Y mientras en el tercer escenario Israel Nash Gripka ofrecía uno de los conciertos del día según me comentaron algunos asistentes, yo elegía la carta de Twisted Sister. Los de Dee Snider ofrecieron lo mismo de siempre, incluyendo el numerito de los huevos con aceite que además alargaron demasiado. Con todo lo que se han prodigado por nuestro país durante los últimos años, dudo que haya alguien que todavía no se lo sepa a estas alturas. Pudo estar mejor.

Me habían recomendado a los suecos Graveyard y tras escuchar su «Hisingen Blues» estaba claro que era uno de los conciertos a ver en la primera jornada. Y por supuesto Graveyard no defraudaron firmando uno de los conciertos del día mientras en la lejanía Status Quo parecían estar ofreciendo un enormísimo bolo.

Claro que teníamos bastante más expectación por ver a Steel Panther. Los angelinos son una puta broma y ellos no pretenden ocultarlo, a pesar de que lleven su papel al límite, pero es precisamente ahí donde está su encanto: reproducen de manera exagerada clichés del Hard Rock de los 80 que para alguien que no disfrute de aquel sonido igual le parecen una payasada, pero que los que crecimos con él (e incluso las nuevas generaciones) sabemos apreciar. Además son unos músicos increíbles con unas canciones que aunque no tuvieran esas letras se mantendrían igualmente. Le moleste a quien le moleste EL concierto del día. Y eso que todavía quedaban Pentagram y la fiesta de Dropkick Murphys, pero de los primeros únicamente vi el final y lo que hacen los segundos no es muy de mi agrado.

La agenda del viernes 15 comenzaba con Willis Drummond, grupo del que he oído hablar muy bien aunque lamentablemente solo pude ver los dos últimos temas. Eso sí, los de Iparralde me dejaron con ganas de más. A los que sí vimos fue a los suecos Pontus Snibb 3 en su primer concierto fuera de Suecia. El trío lo lidera el propio Pontus Snibb, al que conocemos de Bonafide, junto a la sección rítmica de los también suecos Backdraft. Bajo un sol de justicia el trío ofreció un muy buen show de Hard Rock de marcado acento setentero. Snibb incluso se bajó del escenario y se recorrió medio recinto mientras no dejaba de tocar su guitarra. Tal vez ya algo visto, pero desde luego efectivo. Uno de los descubrimientos del festival para mí.

A Gun y The Amazing los vimos de pasada, pero nunca me gustaron los escoceses y los segundos tampoco me sacaron del letargo, por lo que Rich Robinson fue la opción a priori más sólida. El cerebro de los Black Crowes es un músico dotado de toda la clase del mundo, es bastante hábil con el bottleneck (algo que me sorprendió, por cierto), pero ni su música ni su actitud me parecen las adecuadas para un festival (el tipo no es la alegría de la huerta precisamente). Espero que se decida a hacer una gira por salas, un entorno mucho más adecuado para su propuesta, porque lo que vi no me disgustó en absoluto.

Tenía muchas ganas de ver después de dos ocasiones anteriores fallidas a Zakk Wylde y sus Black Label Society. Aunque sus discos no acaben de convencerme del todo lo cierto es que BLS tienen un gran directo, aunque el largo solo de Wylde deslució un poco un concierto repleto de Metal garrulo y cabezón. La carpa se le queda ya pequeña…

En el escenario 3 Gallows parece que congregaban a un gran número de fans, pero personalmente no sé qué le ve la gente a eso. Los escasos cinco minutos que estuve allí me parecieron más que suficientes. Algunos lo achacan a su nuevo cantante.

El cabeza de cartel del día era Ozzy Osbourne & Friends, y aunque tenía el presentimiento de que no me iba a hacer demasiada gracia el experimento, la idea de volver a ver al Madman con Zakk Wylde me tiraba bastante. Al final acabé sintiéndome un poco estafado. Sé que técnicamente con dos ya se puede usar la S del plural de Friends, pero podía haberse estirado un poco más: aparte de Wylde solo estaba de invitado Geezer Butler, ninguna sorpresa, ni siquiera en el repertorio. Sinceramente, Ozzy podía habérselo trabajado más, porque esa primera parte con su banda actual en la que interpretó los mismos clásicos del año pasado y las migajas de Black Sabbath junto a Butler para mí fueron a todas luces insuficientes. En cualquier caso por lo que he podido escuchar y leer mucha gente salió más convencida que el año pasado, y eso a pesar de que nunca he visto a Ozzy tan mal de voz, incapaz siquiera de cantar las canciones en su tono.

Lo de después con The Mars Volta tampoco fue mucho mejor. No es una banda que me llame lo más mínimo, y aunque reconozco que tuvieron momentos interesantes, las payasadas de Cedric Bixler Zavala para con los cámaras y los técnicos hicieron que me reafirmara en mi opinión de que son un cagarro pretencioso. Lo mejor cuando Omar Rodriguez Lopez se despidió del público vitoriano con un «gracias por la paciencia». Más razón que un santo.

Danko Jones volvía al festival cuatro años después para armar la fiesta y cerrar el segundo día. Aunque sus discos me parecen bastante irregulares siempre logra colocar en ellos un par de temas o tres verdaderamente potentes, y todos sabemos que su fuerte es el directo. Por ello se avecinaba fiestón, y aunque no es la vez que mejor me lo he pasado con él lo cierto es que lo consiguió. Dice que quiere volver todos los años al festival; tal vez sea demasiado, pero uno de cada dos no estaría mal.

North Mississippi Allstars Duo eran los encargados de incendiar a primera hora del sábado el segundo escenario. Tenía mis dudas acerca del formato dúo con el que se presentan (no pude asistir a la gira de hace unos meses), pero los hermanos Dickinson supieron meterse al público en el bolsillo con un breve pero intenso concierto que acabaría convirtiéndose en lo más destacado de la jornada de clausura y de todo el festival.

Los desconocidos Sallie Ford & The Sounds Outside nos sorprendieron en el tercer escenario, con esos sonidos cincuenteros y esa imagen de white trash de parque de caravanas. M Ward y Lee Fields & The Expressions nos sirvieron después de entretenimiento antes de Lynyrd Skynyrd. Los representantes por antonomasia del Rock sureño ofrecieron un gran concierto que solo se vio deslucido por el bajo volumen y su corta duración que obligó a dejar fuera un buen puñado de clásicos, aunque el haber podido emocionarme con «Free Bird» hace olvidar un poco lo negativo.

The Union ofrecieron toda una lección de Hard Rock en el tercer escenario. Esperemos que su primera vez en nuestro país haya sido lo suficientemente exitosa para que vuelvan para hacer una gira por salas, aunque lo que verdaderamente deseable sería que el año que viene el ARF nos trajese a Thunder y que se haga justicia con una de las mejores bandas británicas de Rock de las últimas décadas.

El tarado de Hank 3 era la siguiente parada. A pesar de contar con una hora, Hank decidió ofrecer medio set de Country y otro medio de un insufrible y enervante Doom-Death. La situación puede resultar hasta cómica si decimos que Hank 3 es el responsable de vaciar más rápidamente la carpa en todos los años de historia del festival. Mientras duró la parte Country el público no paraba de bailar, pero con la segunda parte del concierto en cuestión de minutos gran parte del público abandonó el segundo escenario. Salvo pequeños reductos de fans saltando que parecen reírle todas las gracias, yo creo que el resto de los que allí estábamos era más por curiosidad e incluso respeto. Aún así al final opté por irme unos cinco minutos antes de acabar porque empezaba a ponerme verdaderamente nervioso con las ¿voces? pregrabadas y el infernal ruido inidentificable.

Era pues hora de acercarse de nuevo al primer escenario para ver a The Darkness. Los británicos ofrecieron un concierto que no pasó de correcto y en el que las largas pausas entre tema y tema fueron la tónica. El hecho de incluir tres temas nuevos creo que no benefició para nada a un concierto que pecó de falta de ritmo y en el que además decidieron ignorar prácticamente el segundo disco de la banda (únicamente interpretaron el tema título), un álbum completamente infravalorado en el que hay grandes canciones que perfectamente podían haber incluido en su set.

Y aunque por delante quedaban Triggerfinger (increíbles según las referencias que he tenido) y Brian Jonestown Massacre, con el sabor algo agridulce de The Darkness acaba esta crónica. Ya avisé de que estaría necesariamente incompleta.

Foto: elCrack (ver galería completa aquí)

Comentarios

Comentarios