Indignación

Tenemos por norma en esta web no dar cabida a temas que no sean estrictamente musicales o en su defecto de esferas afines como el cine, la literatura o el mundo del cómic. Sin embargo, hoy vamos a hacer una excepción porque creemos que la actual coyuntura afecta a mucho más que a la bajada de sueldos, la degradación de las condiciones laborales y vitales, la desesperada situación de millones de personas y el paro. Y entre otras muchas cosas sin duda mucho más importantes en el día a día de la gente de a pie, hay una de la que el común de la ciudadanía parece no ser demasiado consciente, y es la degradación también del panaroma cultural y educativo que estamos sufriendo. Y aquí es donde está el nexo de unión con lo que solemos ofrecer en esta web cada día. Nos hemos cansado de repetir que la situación de la música en general, y en particular de lo que nos interesa a nosotros como es el Rock en sentido amplio, no es nada buena. Y va a peor. Tenemos la teoría de que no es que el Rock no despierte interés per se, sino de que la falta de difusión es la que provoca que, al menos aparentemente, cada vez seamos menos los interesados en él. En su lugar somos testigos de toda una generación que, en lugar de levantarse y protestar, se dedica a acudir religiosamente a su gimnasio, a la peluquería modernilla de la esquina para hacerse el cutre peinado que ha puesto de moda cualquier zoquete futbolista y a seguir con deleite basuras como «Mujeres y hombres y viceversa». Está claro que al poder establecido le interesa una juventud así: mientras tengamos al populacho aletargado, haciendo gala e incluso vanagloriándose de su incultura, más interesados en el enésimo partido del siglo que en las condiciones laborales, menos respuesta vamos a tener cuando usando la excusa de una crisis económica de la que nadie parece tener la culpa, recortemos todo lo recortable y más. Y no hay nada más que darse un paseo por cualquier centro comercial para darse cuenta de que al final el bicho raro parece ser uno mismo.

Los ignorantes son legión, como pudimos ver en los resultados de las últimas elecciones generales. Y no os confundáis, esto no es un posicionamiento hacia ninguna opción política, sino la expresión de un cierto sentimiento de clase. Porque al fin y al cabo los dos partidos mayoritarios de este país están igual de enfangados en pufos, «donde-dije-digo-digo-diegos» y demás. Pero volviendo al tema, aquí soy yo el que se declara ignorante, porque me cuesta entender que personas de clase baja decidan votar en masa a un partido que desde el gobierno de alguna que otra comunidad autónoma ya nos iba dando pistas de lo que iba a hacer con la cultura, la educación y la sanidad públicas y las condiciones de los trabajadores. Y llegados a este punto vuelvo a declararme ignorante, porque no alcanzo a comprender cómo no hay dinero para financiar servicios tan básicos para una sociedad supuestamente igualitaria como las universidades públicas y la educación secundaria, la investigación o la sanidad, mientras que por el otro lado se están soltando cantidades indecentes por colegios concertados en los que se intenta lavar el cerebro a los chavales con determinados preceptos religiosos, se le financian al Papa de Roma S.A. unas jornadas que no son más que una especie de verbena multitudinaria pagada por todos pero disfrutadas solo por algunos, o que se siga pensando en presentar por enésima vez la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos.

Mientras tanto nos cargamos de un plumazo un Ministerio de Cultura que, visto lo visto, no debe de servir para nada; aprobamos una reforma laboral con la excusa de que la situación es la que es y que hay que ser competitivos, sin pararnos a pensar que ha sido la lucha de décadas lo que nos ha llevado a conseguir ciertas garantías sociales y con el consuelo de que «es que en otros sitios no tienen tantos derechos». A este paso y siguiendo esta retorcida lógica, vamos a tener que agradecer el retroceso de nuestros derechos mirándonos en el espejo de los países más competitivos a base de legislaciones laborales dignas de novela de Dickens.

Nuevamente esta chusma neoliberal lo ha conseguido. Han conseguido que medio planeta acepte sin rechistar la tiranía de las grandes corporaciones, que son las que verdaderamente dirigen el cotarro y las únicas que nos pueden sacar de esto mediante medidas draconianas (para nosotros, claro, no para ellos), y de paso han conseguido pulirse cualquier manifestación cultural que pueda ser mínimamente contestataria, o al menos están en ello. Y lo peor de todo es que no muchos parecen darse cuenta, porque no veo que surjan unos nuevos Sex Pistols para meter el dedo en el ojo o simplemente para cuestionar lo que hasta ahora es incuestionable, como ciertas instituciones anacrónicas. ¿»Fahrenheit 451″? ¿»1984″? Cosas de niños comparado con la realidad. Porque si algo han hecho bien es conseguir una sociedad prácticamente uniforme de una manera tan sutil como imparable. Y el proceso continúa. Me voy a escuchar a los Dead Kennedys.

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